Día: 20 septiembre, 2013

DESDE EL MEGÁFONO: La Misión del Maestro * Rafael Mitilo

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«Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él».

Emmanuel Kant.-

 

Ya en varias ocasiones hemos hablado del maestro. Hemos dicho que su presencia tanto como su preparación, estabilidad emocional y económica, son vitales y de primer orden para garantizar el sano y progresivo desarrollo de la sociedad. Sin maestros estamos perdidos, pero sin buenos maestros estamos condenados.

No es la idea escribir elogios. No se persigue adornar virtudes. No. Se trata es de advertir -una vez más- acerca del grave e inminente peligro de caos que corre el colectivo, si no nos ocupamos de ayudar a los maestros y exigir se les asegure lo necesario para que realicen su trabajo sin traumas, parches ni limitaciones. Es urgente. Es obligatorio.

En tal sentido, la necesidad de impulsar la estabilidad de los educadores, no busca otro fin que garantizar el saneamiento integral de la sociedad, mediante la prevención y formación que deviene de la educación. Sin resolver este asunto previo, la calidad de la enseñanza jamás alcanzará sus objetivos, en razón de la imposibilidad técnica, anímica y psicológica de contar con educadores abocados, concentrados -sin otras preocupaciones- a la tarea de formar ciudadanos. Este es un asunto de sobrevivencia y cordura.

Ahora bien, tal y como está hoy el sistema educativo, incluida la asistencia al maestro, no existe técnicamente hablando, posibilidad real y efectiva de que la educación materialice el propósito de su esencia: liberar al hombre de la ignorancia. Los tentáculos de la deficiencia hoy la asfixian, pues, se revierte contra su estructura y corroe sus cimientos. En otras palabras, los efectos de una educación precaria, se abalanzan contra lo que del sistema queda. Salarios inadecuados. Inseguridad en los sitios (escuelas y liceos) de trabajo. Falta de vivienda. Alto costo de la vida. Falta de vocación por parte de algunos que ejercen el rol de maestro. Falta de estímulo para los ascensos. Falta de incentivos (concursos literarios, jornadas científicas, etc.). Crisis familiar, son entre muchísimas otras, algunas de las taras a las que se enfrenta el sistema educativo hoy por hoy, esto sin mencionar, la poca colaboración de educandos, representantes, consejos comunales, cuerpos de seguridad y el Estado en general. Los maestros, los verdaderos maestros están acorralados por causa de intereses foráneos que minimizan su labor y diluyen cualquier esfuerzo. Educar, no es hablar por horas en un aula, sin la pasión que cada palabra exige a cada segundo de expresión de un maestro. El maestro es la luz de la sociedad y, esto no es poesía es una cruda realidad. Sin maestros libres de necesidades, no contaremos con ciudadanos libres de miedos e inestabilidad. Educar es fortalecer la personalidad. Es cerrar espacio al delito y garantizar el bien común.

Del maestro depende, y en ello hay que ser repetitivo; la calidad del político, el médico, el abogado, el ingeniero, el obrero, el técnico, la ama de casa, el fiscal de tránsito, en fin, del maestro depende la sanidad social que el futuro exige. Claro está que, todos los sectores de la sociedad civil, están obligados a coadyuvar en poner al hombre en la misión del maestro. Resulta más que absurdo, injustificado pensar que sólo el maestro es quien debe llevar la carga. La sociedad es responsabilidad de todos. Por lo tanto, el deber de construir juntos las bases de una educación auténticamente liberadora es tarea de cada individuo, concebido como unidad y adherido al gran sistema social.

Así las cosas, es forzoso admitir y necesario asumirlo, que ante la precariedad educativa, con la cual subsistimos hoy, se impone más que el reclamo de derechos, el cumplimiento de deberes. Es a través de la toma de conciencia acerca de nuestras obligaciones como ciudadano, profesional, padre, hijo, hermano, etcétera, como lograremos entender la dimensión de nuestros derechos y el límite de los demás. Se trata es de bajar de esos afiches y publicidad en general, que pregonan campañas publicitarias y llevarlo a la práctica. Es obrar, conforme decimos, decir conforme pensamos. Mientras un abismo separe la teoría de la práctica, seguiremos siendo un país del tercer mundo, subdesarrollado o como se le quiera llamar, pero siempre, expresará -cualquier término- la idea de un submundo. Esta infra sociedad, no lo será mientras no asumamos la educación como único instrumento capaz de vencer las tinieblas y convertirnos en individuos optimistas, laboriosos, honestos, responsables y por encima de todo; conscientes de que todos somos responsables de todos.

Como se ve, la tarea del maestro, va más allá de la simple denominación laboral. El maestro no es un profesional, el maestro es la matriz moral de la sociedad, es el individuo más importante del colectivo. En consecuencia, no es justa cualquier forma de desmejoramiento. Para formar con éxito, se debe pensar con éxito y, para pensar con éxito se requiere vivir con éxito. Esto es, casa, comida, transporte, salario, educación de los hijos, recreación, incentivos, seguridad jurídica y personal, en fin; el maestro no puede y no debe distraerse en resolver carencias personales que interfieran en la serenidad y transparencia intelectual que requiere para educar. El maestro, lo es de verdad, cuando es humilde, prudente, firme, culto, respetuoso, en fin: sabio.

Para resumir, el maestro es el obrero más importante de la sociedad y digo obrero, porque su labor es consolidar la obra más grande que sociedad alguna pueda soñar: hacer ciudadanos, ésta es la única y gran empresa en la que se debe ocupar todo el que se precie de culto y, en ello, la vida está en juego. Es el maestro, el gran arquitecto del futuro. Nada está por encima de su ministerio.

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