Día: 11 octubre, 2013

Desde el Magáfono: Disecando el Planeta / Rafael Mitilo.-

Posted on Actualizado enn


 

«Los hombres pertenecen a la tierra, no la tierra a los hombres».

Toro Sentado.

Jefe Sioux.-

 

Imagen

 

No veo en el petróleo y el gas otra riqueza, que no sea la de neutralizar la violencia propia de los continuos movimientos a que está expuesta la tierra. En otras palabras, amortigua. La naturaleza habla claro, no requiere más intérprete que la razón.

El sistema óseo de cualquier cuerpo organizado, y la tierra lo es, necesita para su movilidad, fluidez. En los animales, ésta, está garantizada por el humor sinovial, que no es otra cosa sino, la sustancia líquida que baña los huesos.

Este elemento, cuando se extrae, produce una especie de fricción que imposibilita la flexibilidad del hueso a nivel de las articulaciones, lo que produce, con el menor movimiento, la fractura.

Así, el cuerpo «Tierra» experimenta un proceso similar; es decir, por ser los planetas, entre ellos el nuestro, masa en constante transformación, se encuentran sometidos a continuos desplazamientos de sus componentes internos y externos. El efecto: sismos, terremotos, tsunamis, etc. Dicha fricción es violenta, sólo tolerable gracias a la presencia amortiguadora, en las entrañas del subsuelo, del petróleo y el gas. Sinovia del Petróleo.

 

Imagen

 

Resulta absurdo ver, como se ufana la humanidad de la explotación petrolera; particularmente, aquellos países de cuyo territorio se extrae. Estamos aniquilando la sustancia natural sobre la que descansa el desplazamiento pacífico de las placas tectónicas de la tierra. Ya lo han dicho los expertos: al vaciar los recipientes naturales donde se alberga, sólo quedan cavernas, espacios huecos, incapaces de contener sin traumas, los movimientos del planeta, los cuales al producirse, ausente la sustancia original, serán inevitablemente mortales, desbastadores en extremo.

No es la ausencia del petróleo lo que da origen a los desplazamientos, éstos son naturales y continuos, el petróleo sólo amortigua sus efectos. Sirve -junto con el gas- de lubricante natural.

La proclamada riqueza, lo es en correspondencia con la cultura imperante, no así con el derecho natural. Por tanto, no es riqueza, sino una forma de dominio. Prueba de ello, es el hecho cierto de que siendo el petróleo un elemento incrustado en la tierra, su extracción «beneficia» a grupos extremadamente reducidos, todo gobierno que participe en el «negocio», contamina. Las ciudades de hoy, son sólo «naturaleza muerta» porque están hechas de elementos naturales extraídos en detrimento del ambiente y del planeta todo.

 

Imagen

 

Existe pobreza a nivel mundial, mucha pobreza, continentes enteros están diezmados como consecuencia del hambre extrema. La distribución de las riquezas, entre ellas, la emanada del saqueo petrolero, es indiscutiblemente desigual.

Con el asalto a esos elementos naturales, convertidos a la brava en «recursos», no sólo irrespetamos el ambiente, es que además comprometemos el hábitat del futuro, que no nos pertenece. Ordinariamente se piensa que lo trágico del conflicto ecológico es: ni está cerca, ni es hoy. Consumamos a placer desmedido el presente, el futuro está lejos. Qué insensatez. El hombre da por cierto, por absoluto, que el planeta le es propio, arrasando sin derecho alguno, espacios y especies, que al igual que nosotros, están presentes, testigo y víctima del festín devastador. Ni siquiera se explota con criterio de solidaridad social, sino con afán de lucro ejercido en forma irracional, patológica y extintiva.

A todas éstas, la física, ciencia madre, actúa como un código penal: Toda acción contra natura ejecutada por el hombre, se vuelve contra sí, por efecto de la sincrónica rigidez de sus leyes, rectoras de la exactitud.

El orden económico mundial y su infraestructura mecánica, están diseñados para funcionar a base del petróleo y sus derivados, pretender lo contrario, equivale a la ejecución suicida de un acto terrorista. La economía mundial no es otra cosa que la resultante de las transacciones, directas e indirectas, en la comercialización del petróleo. Fuera de esta concepción, no existe otra. Todo sistema, independientemente de su doctrina filosófico-jurídica o económica, depende de esa actividad.

De esta manera, estamos disecando el planeta, comiendo hoy, a costa del hombre del mañana, como vampiros, «chupamos» afanosamente su sangre. La energía que mueve la maquinaria social del presente, contamina arriba y atrofia abajo. Es bueno advertir, ningún movimiento ecológico, que ignore al petróleo, como elemento a conservar, junto con los árboles y los ríos, será sincero y eficaz, sino le atribuye la misma relevancia conservacionista.

Petróleo y gas, son tanto o más necesario de preservar en su estado natural, como el aire, el agua o las especies animales. Lo contrario, es sembrar bosques es el concreto, cultivar peces sobre las arenas del desierto. Sin petróleo no hay sostén, sin éste no hay estabilidad, sin estabilidad, más temprano que tarde no habrá planeta. No sembremos el petróleo, dejémoslo sembrado.

Los años venideros tomando el presente como preámbulo, advierte que con seguridad nos tocará sobrevivir -si las condiciones lo permiten- en un mundo agónico, lúgubre y esquelético. Ojalá el tiempo nos niegue la razón.

 

Imagen

 

 

[La Prensa de Barinas de Venezuela]

 

 

Créditos para: http://www.laprensadebarinas.com.ve/nueva/xxview.php?ArtID=178521