Día: 15 noviembre, 2013

Venezuela vive su peor crisis financiera en los últimos quince años

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Nicolás Maduro saluda desde el interior de un tanque ruso el pasado miércoles durante unas maniobras militares (Foto AFP)

Venezuela vive una de sus peores crisis económica y financiera de los últimos quince años y eso a pesar de los elevados precios del petróleo. Los principales síntomas son: caída de la producción y de la renta petrolera, caída de las reservas internacionales, inflación galopante del 52 %, crecimiento de la deuda y y del control de cambio de divisas. Henrique Capriles El gobernador de Miranda y líder opositor , con documentos oficiales en mano, alertó de una caída de las reservas líquidas a 1.398 millones de dólares que alcanzan sólo para un mes de importaciones. Al mes de octubre las reservas internacionales globales se situaron en 21.506 millones de dólares de las cuales la mayor parte la constituye el oro guardado en el Banco Central de Venezuela (BCV), publica abc.es

Capriles señaló que las reservas internacionales habían sufrido una merma de 8.000 millones en lo que va de año. «El gobierno de Maduro está destruyendo la economía nacional. Ya está negociando unos 3.000 millones de dólares con la banca de inversión extranjera para pagar la deuda que han contraído importadores nacionales». También denunció que el BCV está negociando con Goldman Sachs la venta de 1.450.000 onzas de sus reservas de oro al precio actual de 1.860 millones de dólares. Además, señaló que el gobierno mantiene una deuda con las aerolíneas extranjeras desde 2011 de 2.356 millones de dólares.

Para explicar lo que ocurre con la venta de oro, el economista Alexander Guerrero dice que por cada onza de oro que vende el BCV el país pierde 126 dólares. «Se está vendiendo un 15% por debajo del valor que adquirió el oro (se revalorizó a 1.530 y ahora cuesta 1.380 dólares la onza». Guerrero sostiene que la renta petrolera ha caído y el flujo de caja de Petróleos de Venezuela (PDVSA) ahora es negativo, debido a que los acuerdos contraídos con China, Cuba y Petrocaribe son costosos para la República y eso impacta en las reservas internacionales. «El control de cambio es el culpable de que hayan caído las reservas».

Petróleo de Estados Unidos

Actualmente la renta petrolera oscila entre 46.000 y 56.000 millones de dólares anuales. Si antes la producción era de 3 millones de barriles diarios ahora es de 2,3 y 2,4 millones de barriles diarios. A eso hay que restarle la paralización de la Refinería de «El Palito» por los continuos incendios y siniestros ocurridos que han obligado a importar más de cien mil barriles diarios de gasolina y gasóleo de EEUU, ya que en Venezuela aunque hay petróleo, no hay refinerías.

Unos 800.000 barriles diarios se destinan a los convenios con Cuba, China y Petrocaribe que no aportan dinero. De todos los clientes de PDVSA sólo Estados Unidos paga en efectivo la factura petrolera de unos 800.000 barriles diarios. «Por eso es que el Gobierno de Maduro se ha quedado sin dinero. El flujo de caja de PDVSA es mínimo. El drama de Venezuela es que ya no produce como antes. Podemos decir que el país está en la miseria», dice Guerrero.

El economista afirma que la ofensiva económica de Maduro con sus llamados al saqueo y vaciar las tiendas de electrodomésticos para que la gente consiga un televisor barato es para que se distraigan porque el «problema financiero es muy grave». Y lo dibuja de esta manera: «en el 2014 Venezuela se acerca a una quiebra financiera o a un terremoto financiero que la colocará en el umbral de la hiperinflación».

¿Cómo en Zimbabue con las medidas de Mugabe?, preguntamos. «Maduro va detrás de Mugabe. El mantra de Maduro es Mugabe», responde. En 2007 el dictador africano impuso medidas como control de precios y rebajas obligadas. Los comercios fueron arrasados. Guerrero habla de la deuda pública. La deuda documentada en bonos al portador es de 83.000 millones de dólares que vence hasta el años 2025. «El 17 de noviembre se vencen 1.300 millones de dólares de bonos de PDVSA y la estatal petrolera anda buscando dinero, mejor dicho, raspando la olla para pagar».

 

Créditos para: http://www.lapatilla.com/site/2013/11/15/venezuela-vive-su-peor-crisis-financiera-en-los-ultimos-quince-anos/ 

Reflexiones sobre “La quiebra moral de un país”, 2: Venezuela, petróleo, determinismo y causalidad

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Siempre habrá razones por las cuales estamos donde estamos. Reconocer esto exige indagar en lo que podríamos llamar, abusando de la terminología, una ciencia de la causalidad; no es igual hablar de causalidad en el campo de la lógica formal, abstracta de por sí, que en el ámbito de la naturaleza o la historia y la sociedad.

Luis Mariano González The slit Vía 500px

Luis Mariano González The slit Vía 500px

Podemos afirmar sin temor que hay una dimensión lógica, racional, que se encuentra en la realidad, en toda vida y en la sociedad y que es ineliminable. Por eso es posible la ciencia, pero creer que la racionalidad agota la realidad, es el exceso positivista y es un error teórico enorme detrás del cual se esconden los determinismos de todo signo: el estructuralismo y todos sus hijos, y el funcionalismo. También el marxismo y el liberalismo.

La sociedad y la historia tienen su soporte lógico en el primer estrato natural, siendo éste condición de existencia y punto de referencia del despliegue humano. Pero hasta ahí. De ninguna manera el hombre y la sociedad simplemente “recogen”  lo que la naturaleza les ofrece para expresarlo y ya, sino que a partir de este apuntalamiento, el hombre y la sociedad se crean a sí mismos. No creo que en esto vayamos a diferir la autora y nosotros.

Ahora bien, en todo caso, quien parte de las consideraciones anteriores no puede adoptar posturas deterministas cuando interpreta el devenir histórico. Evaluemos las siguientes afirmaciones del trabajo que estamos considerando:

“(la) crisis venezolana tiene su origen en 1958, con la firma del Pacto de Punto Fijo”

“El presente estado de las cosas no es sino la consecuencia lógica e inevitable de aquello”

Nosotros preguntamos, ¿qué quiere decirse con “consecuencia lógica e inevitable”?, ¿cómo es esto? ¿Quiere decirnos la autora que sin aquella firma no habríamos tenido a Chavez; y, además, que no se sigue, que ella lo trajo? Esto es lo que rigurosamente significa decir que algo es “consecuencia lógica e inevitable”.

No parece que haga falta mucho para persuadir a cualquiera de la falacia lógica implicada en las afirmaciones aludidas. Debería bastar decir que se trata de un simple abuso del lenguaje. ¿Qué responderá la autora a estos señalamientos? No lo sabemos, pero sí podemos decir que este tipo de razonamiento de corte determinista y estructuralista es, para pesar de todos, muy común. No es casualidad que la autora, que muestra una clara postura contractualista, va a postular una solución igualmente determinista: si un pacto nos trajo hasta acá, pues otro nos conducirá al futuro deseado y es por eso que el subtítulo del libro no podría haber sido sino el que fue: “hacia un nuevo pacto social”.

Al carácter contractualista del trabajo nos referiremos en el siguiente aporte. Ahora sólo queda destacar su no tan disimulado causalismo determinista. Pretende causas necesarias y suficientes muy puntuales y determinadas: el problema es de pactos.

En ciencias sociales solemos descalificar las posturas deterministas de cuajo. La figura emblemática de este determinismo es la del viejo Marx. A él correspondió en ciencia social el papel que tocó a Hegel en filosofía. En efecto, Hegel postuló la cota máxima del determinismo racionalista en filosofía: todo lo real es racional y todo lo racional es real; Marx con su materialismo histórico y sus Leyes de la historia hizo lo propio para la historia. Todo este proyecto ha fracasado, pero para sorpresa de todos sus secuelas siguen saludables. Veamos.

Los marxistas -al menos los que tenemos en Venezuela- siguen postulando su teoría de la lucha de clases como “motor” de la historia, amén del famoso axioma que reza que “el ser social determina la conciencia social”. Los liberales, por su parte, ¿qué historia nos cuentan?  Pues que el mercado y la propiedad privada constituyen el elemento (la estructura) a partir de la cual se articula la sociedad, no la capitalista solamente, atención, sino toda sociedad y que si hubo previamente sociedades diferentes no fue sino como estadios de un desarrollo social que no puede concluir sino en el capitalismo. Punto. Es obvio cómo en ambas posturas domina la creencia ciega en que lo económico es el núcleo central que articula lo social, en ambas se cree en una supuesta línea de progreso y en ambas este progreso se regla por el cumplimiento de leyes y condiciones “objetivas”, heterónomas y que terminan negando la historia y la sociedad como realización humana.

La autora -queriendo o no- termina postulando un determinismo “blando” si se quiere pero con idénticas consecuencias cuando a partir de sus tesis se postulan las soluciones: la política es asunto de pactos, representantes, profesionales, élites y nosotros preguntamos, ¿dónde queda la política no como la búsqueda del poder y como la labor maquiavelica de conservarlo para siempre, sino como la institución de la sociedad? ¿Dónde queda la comunidad como comunidad política que construye la democracia?

El país está requiriendo consenso, pero ¿será imposible impulsarlos sin un Contrato Social? ¿Una constituyente? No es algo impensable y de hecho hay quien está postulando esta salida, que no compartimos. Si estamos entendiendo bien, la autora no propone esto. Nosotros creemos que se trata de aplicar la constitución vigente, no perder tiempo en figuras legales y dedicarse a hacer política, en el buen sentido, a construir las instituciones, algo que se crea y no que será donación ni de dioses, ni libros sagrados, ni la simple herencia. El trabajo de Isabel deja ver esta postura que reivindica la sociedad como creación humana en diversos pasajes:

… si el capitalismo es una creación humana, puede ser cambiado y debe ser cambiado”

(…)

Para avanzar hacia un nuevo Contrato Social es, por tanto, imprescindible comenzar por la re-significación de nuestras instituciones.

(…)

… reconocer que solo el ser humano crea propiedad. La propiedad no está ahí, no basta estirar la mano para tomarla o disfrutarla, hay que crearla. Crear PROPIEDAD sí es un derecho humano; es el producto del esfuerzo, pero sobre todo del ingenio humano.

(…)

Abrir el derecho de propiedad para todos, pluralizar y por esta vía transformar el Estado propietario en un país de propietarios, donde el Estado esté al servicio de los ciudadanos, concentrado en la superación de brechas que designan desigualdades, en el acceso a oportunidades y a la calidad de vida de los ciudadanos.

No hay determinismo en estas afirmaciones de Isabel, cuyas intenciones compartimos. Sin embargo, no creemos que desde estas puede concluirse y menos aún determinarse que la privatización de la industria petrolera sea requisito indispensable para postular un país de propietarios, por ejemplo, o para democratizar la institución social. La economía política en el caso venezolano pasa por reconocer la complejidad que implica el manejo de un recurso tan dominante y que de paso constituye una renta, como es el petróleo. Este factor impone un “marco particular de relaciones económicas”, tal como han expuesto economistas como Asbrubal Baptista o Emeterio Gómez intentando reflexionar y romper el nudo que representa el tratamiento de este problema.

La renta es una categoría medioeval inserta en el modo de producción capitalista. Se trata de un modo de extracción de valor dado por el usufructo que quien trabaja la tierra paga a alguien que no la trabaja, por el sólo hecho de poseerla. En la Edad Media ésta posesión tenía garantía divina pero, hoy en día, ¿a cuenta de qué se puede justificar? Ahora bien, este primer problema es superable y como dijo Marx, citado por Baptista, “la renta es el resultado de la propiedad territorial ´sujeta a la competencia (capitalista)´”. Pero, cuando el peso relativo del valor generado por vía de la renta ocupa el 60% 0 más del PIB, estamos diciendo que ese mismo porcentaje “carece de contrapartida en el ámbito de la producción y por eso decía Smith, nuevamente citado por Baptista, “gustan (ellos, los terratenientes) de cosechar donde nunca sembraron” y por eso la renta no es una categoría capitalista. Y para rematar, Baptista nos recuerda a David Ricardo: “pienso que las rentas no son nunca una creación de riqueza, sino siempre parte de la riqueza ya existente. Pienso, también, que necesariamente (ocurren) a costa de los beneficios del capital”.

Por lo tanto, ¿cómo hacer ingresar la renta petrolera al circuito económico si su carácter de “objeto no reproducible” le asigna ese “peculiar carácter monopólico, valga decir, una excepcional posición de poder económico” (Baptista)? Éste es el nudo, el problema difícil que la economía política del petróleo nos presenta y que quizá no tenga solución técnica-económica “racional”, ni siquiera, insistimos, en el ámbito de la racionalidad económica capitalista.

Es un tema hondo y muy complejo que no aspiramos dilucidar ni mucho menos, pero que mencionamos para que se entienda que no podemos andar muy apurados con esto de pensar que privatizar es la solución. Y eso, independientemente de los vicios muy propios del neoliberalismo que ya han fracasado y que nosotros resumimos en tres peticiones de principio: todo es mercancía, todas las mercancías son iguales y todos los mercados se autoregulan. Tres creencias perfectamente falsas y cuya falacia se hace exponencial cuando se combinan al modo neoliberal.

 

Créditos para: http://economiapoliticaehucv.wordpress.com/2013/11/15/discusion-la-quiebra-moral-de-un-pais-3-determinismo-y-causalidad/