Día: 7 febrero, 2014

Venezuela Opinión / ¿Socialismo sin socialistas? / Rafael Mitilo

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«Cuando el tonto es obstinado, cuando el humilde es ingobernable, cuando los modernos, indistintamente, condenan el proceder de los antiguos, cuando el pueblo obra de este modo, con seguridad, las calamidades caerán sobre él».
Confucio.- 

* Rafael Mitilo.-

Para vivir en armonía, el hombre sólo requiere seguridad, educación, justicia, paz y buena alimentación. Las exclusiones son abominables vicios que la humanidad debe erradicar.

A lo que se debe temer no es al socialismo, sino, a la inexpugnable desigualdad. La que generó el capitalismo. No creo, que el pregón socialista represente la salida a esta crisis, tampoco lo fue el anterior sistema. Sin valores, ningún sistema es bueno. Los hombres para vivir en sociedad, sea cual sea la ideología imperante, requieren un mínimo -por decir algo- de reglas de conducta, que nada tienen que ver con modo de producción alguno (capitalismo-socialismo), son en esencia límites a la apetencia, a la ambición.

Existe la creencia, errónea por cierto, según la cual, el Estado forma al hombre para vivir en sociedad. No, el Estado debe garantizar los medios, a través de un método organizativo, basado en principios de justicia e igualdad. Esto es: el hombre como prioridad política del Estado. El hombre como objetivo espiritual de la sociedad. En la práctica no es otra cosa que, la actividad propia del Estado, dirigida en forma permanente hacia: salud eficaz, oportuna, óptima y general. Educación pluralista, obligatoria y general. Trabajo, cultura, deporte, vivienda, recreación, general y con criterio de efectividad práctica, no de nómina o estadística burocrática. La crisis, de cuanto sistema político ha existido, está básicamente representada, en la desmotivación de sus operadores medios y bajos. Es decir, no hay proporción entre lo que el Estado pregona, y, los medios, no idóneos, de ejecución implementados por los funcionarios u operadores. Para educar, se requiere maestros, éstos a su vez, deben contar con toda una infraestructura material y abstracta que, le haga posible la predisposición psicológica a enseñar.

Si el maestro, el obrero, el médico, el estudiante, en fin, cualquier miembro de la sociedad que no cuente con garantía de paz interna, hará de su oficio, una mera formalidad burocrática, aburrida, ineficaz y nociva. No puede curar, quien no tiene casa, o teniendo, le agobian las deudas. No puede enseñar quien carece de recursos para el sustento familiar, íntimo y personal. Es la clásica disputa del orden jerárquico entre lo material y lo espiritual. Ancestrales, muy antiguas, casi propias de la naturaleza humana, son las causas de tal disputa. Lo cierto es que, hasta hoy, ninguna forma de organización, de las experimentadas por el hombre, ha logrado equilibrar el orden de las cosas. La brecha, crece por segundos a nivel mundial. Seguirá creciendo, continuará afianzándose la pobreza sobre la humanidad. Esto, por una razón elemental: el apego colectivo y generalizado -haría- lo material.

No temo al socialismo, sí a la falsa prédica. Me refiero, a que no confío en los operadores que lo proponen. He comulgado por muchos años en las filas del «pensamiento progresista». Conozco el fondo del asunto. En consecuencia, estoy seguro que para llegar a lo anhelado por un verdadero socialista, no tenemos la gente. No tenemos ejemplos, en fin, carecemos de sustento ideológico y practico.

El socialista, es en la práctica, un luchador social; de arriba a bajo. Un alma desprovista de odios y mezquindades. Un voluntario permanente. Un soldado sin más arma, que su vocación de servicio y solidaridad hacia el prójimo. En el socialista, no caben ambiciones materialistas: lujo, riqueza, dinero, placeres mundanos, etc. Su vida, no es triste, porque su oficio es servir, su vida, no es aburrida por cuanto su causa le ocupa. Se recrea, divierte, estudia, se ríe, sueña como cualquier ser normal, pero: sinceridad, honestidad, abnegación, sacrificio, estudio son, entre otras, la praxis de su existencia, allí y así, no hay espacio para lo superfluo.

Siendo así, me pregunto: ¿Tenemos la gente? Están nuestros dirigentes dispuestos a deponer toda ambición material y personal para dar paso a la verdadera construcción de un socialismo igualmente verdadero? Pienso que no. Se pregona el socialismo, pero se practica el capitalismo. Se habla de igualdad pero se promueve la discriminación. Socialismo es filosofía. La práctica de nuestros líderes, ha sido, pragmáticamente, contraria a lo que se pregona: lo material, forma parte de su espíritu, está adherido a su existencia hasta hacer, de la misma, un medio para la satisfacción de aquel, y no un fin. Esto, naturalmente es, la más elemental, de las desviaciones humanas, propias del capitalismo; nótese, con las excepciones de ley, la práctica actual de su estilo de vida.

Esa conducta, no es -políticamente- censurable hasta ahora, pues cuesta deslastrarse de lo que fue, no un estilo de vida, sino, de lo que fue la vida misma. Se les formó para tener, para luchar por tener. Tanto es así, que hoy, aun cuando se anuncia la renuncia a esa práctica, se hace desde la peor perspectiva: el poder como forma de dominio, el poder es la forma más vil de tener. Pues se actúa, no en función de tener cosas, sino además voluntades. Se es en la práctica, propietario, no de tierras y casas, carros o dinero, no: se es propietario de la gente. De la forma de vida y su destino. Esta es, en esencia, la razón del fracaso de todo sistema organizativo sea capitalista, socialista o comunista, la resistencia de la voluntad humana, por renunciar integralmente, a los vicios del espíritu. Entonces; ¿Es el estilo de vida de nuestra dirigencia oficial, la vida sencilla y desprendida de un socialista?

La crisis del capitalismo, aunque sus teóricos lo nieguen, encuentra sus causas, en la dinámica inclemente de sus desigualdades. Este sistema, llegó tan lejos en su práctica voraz, que puso al hombre, ya no a luchar por tener, sino por vivir. En otras palabras, vive quien tenga para pagar, violando así la naturaleza. Procurándose irremediablemente su colapso, pues nada contra-natura subsiste. Me pregunto ¿conoce la dirigencia oficialista o de oposición, lo que realmente piensa y padece el venezolano común?

Créditos para: http://laprensadebarinas.com.ve/news/noticiaunica.php?id=44512