Venezuela Opinión / DESDE EL MEGÁFONO: la cara bella del Ébola / Rafael Mitilo

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Por: Rafael Mitilo.-

«A mi perro, que tuvo todas las virtudes del ser humano y ninguno de sus defectos».

Lord Byron.

 

Dos asuntos importantes: el ébola amenaza a la humanidad y, ante la repatriación de médicos y enfermeros contagiados en ejercicio de labores humanitarias en África, opiniones cómo la del señor Donald Trump, líder del Miss Universo, éstos deben permanecer en el lugar del contagio evitar el riesgo a diseminar la epidemia en el resto del mundo. Vanidad versus desprendimiento afloran públicamente dejando en evidencia la verdadera cara de lo que es el presente.

A Donald Trump, le preocupa que se arruine su negocio, no la población norteamericana. La belleza es en su esquema de vida, el único sacrificio por el que vale la pena arriesgar la existencia, eso sí, para producir dinero, sin que le interese -incluso- la salud de las concursantes. De otro lado están, los voluntarios, gente que sin esperar nada a cambio, se adentra en los más inaccesibles lugares del planeta con el único objetivo de socorrer a esa parte de la humanidad que no cuenta con medio alguno para sobrellevar la vida. África, América y Asia; son -en esencia- el escenario de su anónimo actuar. No forman parte de los grandes espacios televisivos, ni buscan figuración publicitaria. Tampoco luchan por Gramys, ni nobeles, sino que, simplemente se internan en el infierno que es la pobreza y desde allí, sin pretensiones ególatras de ningún tipo, se dedican a socorrer al necesitado, aún arriesgo de sus propias vidas.

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Ahora bien, esos son los hechos. Pero la simbología que se esconde tras de los mismos es lo digno de analizar.

En tal sentido; al reflexionar acerca de las preocupaciones Trump, es inevitable concluir que las mismas encierran el sentir de buena parte del conglomerado mundial. Sí, así es, la belleza física se ha colocado por encima de cualquier otro valor en cuanto a la estructura del cuerpo humano. Es decir, ésta, hoy por hoy, ocupa y preocupa más que cualquier otra dolencia. Ser bello o bella, es el objetivo central de la civilización moderna y, quien no lo sea o no pueda transformarse para serlo, sencillamente está fuera de juego. No calza en el casting, que permite otorgar la «visa» para tener derecho a vivir «dignamente». Ojalá las cosas se quedaran en la sola imposibilidad de adaptarse y ser aceptado siendo normal o, «feo» (de acuerdo al patrón social) pero, no es así. Se excluye y humilla bajo excusas en apariencia desvinculadas de aquel motivo, a esa parte de la sociedad que sólo vive para trabajar, independientemente de su condición social o aspecto físico. La vida, para esa parte de la humanidad, es realmente dura y miserable. Más, en esas condiciones, se consume su existencia sin percatarse de la hostilidad con que se le trata. En la práctica, no es más que la imposición alienante de anti-valores. Sólo es gente quien tiene. Triste es admitir, como siempre se ha dicho, el triste y nocivo papel que la publicidad a través de los medios de comunicación ha jugado en tan aberrante realidad: impulsores de la miseria. No faltará quien diga o piense, que cada quien es lo que elige ser. Y, reconocer que en parte tienen razón es lo adecuado. Pero no es menos cierto que, las circunstancias fácticas determinan en ocasiones la imposibilidad real y efectiva de «coronar» las metas, lograr los objetivos. Quedando, tales posibilidades reservadas a seres excepcionales, los que en la práctica se conocen como persistentes, incanzables, imprescindibles, etc.

Pero, más allá de lo dicho, existe otra realidad. La de esos médicos, ingenieros, enfermeros, sacerdotes, monjas, voluntarios sin profesión que se alistan y, sin pensarlo materializan -en la vida real- el sacrificio personal en los términos descritos por Jesús. De manera que, exigir a los contagiados que se resignen a morir en África, por cuanto -según Trump- fue su decisión contagiarse, es más que una expresión de vanidad, es -sin lugar a dudas- el reflejo de lo que hoy somos. De lo que hoy sentimos. Lo primero que cabe preguntarse es: ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a renunciar a todo y adentrarnos en ese infierno que es la pobreza extrema para hablar y hacer lo que Dios manda hacer y hablar? ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a dormir -ni siquiera en África- aquí en el geriátrico atendiendo las penurias de los ancianos? Seguro estoy que ninguno y, si alguno lo hace, está colocando su consciencia y espíritu, en la cúspide de la dignidad humana.

Pienso que no sólo hay que auxiliar a los voluntarios repatriados, sino armar ejércitos profesionales (como lo hacen en guerras absurdas) para exterminar cuanta epidemia surja en el planeta. ¿Cómo no hay escrúpulos para masacrar niños en Gaza, Ucrania, Afganistán, Colombia o Irak? Sencillamente, porque quienes se reparten el control del poder -de un lado o del otro- manejan un doble discurso. Una doble moral. Y, ante esto, la guerra nunca será vista como la gran verdadera epidemia.

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El dinero del mundo, si en verdad se quiere combatir la pobreza, debe destinarse a financiar campañas de formación en higiene personal, higiene doméstica, higiene comunal, social y continental. Campañas que enseñen a la población a entender que la transmisión de cuanta epidemia, flagelo, peste o calamidad ocurra, tiene su base en la ignorancia. Esa misma que obliga a la gente vivir en la inmundicia, entre animales y desechos. Entre plaga y parásitos, lejos de toda iniciativa de organización social y personal. La pobreza está más en la cabeza de quien la padece, que en causas externas.

Para concluir, ojalá que la belleza que defiende Trump, sea la de un mundo sano, sin hambre ni miseria. Sin guerras ni infecciones. Ojalá la belleza que defiende Trump, un día sea la que defienden los voluntarios que hoy, sin que al mundo conmueva, dan su vida por la vida.

Ojalá un día, el ejemplo de estos voluntarios nos enseñe que la verdadera belleza está en la justicia y la solidaridad, como única «visa» a la preservación de la existencia. Ellos, esos voluntarios son, la cara bella del ébola.

rafamitiloveliz@gmail.com / @rafaelmitilo

 

Créditos para: http://laprensadebarinas.com.ve/news/noticiaunica.php?id=54943

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