El hombre más rico del mundo comparte 10 de sus conceptos tácticos

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Según relatan Sergio Berumen y Karen Arriaza en el libro “Treinta inmensas fortunas y cómo se hicieron” (Ecobook), los libaneses afincados en el país tenían una fuerte vocación por ser comerciantes, y Julián no fue la excepción. Por eso, a su llegada, abrió una pequeña mercería, Estrella de Oriente, que pronto le reportó ganancias suficientes para comprar varios edificios. Durante la Revolución Mexicana (1910-1920) los precios de los inmuebles se desplomaron, circunstancia que aprovechó Julián para ampliar su patrimonio inmobiliario e invertir en bolsa. 

La empresa familiar se convirtió en la primera escuela de Carlos Slim, educado en el amor al trabajo y en la virtud del ahorro. A los ocho años, ya despachaba en la mercería y su padre le pagaba un salario, pero desde el principio, Julián le obligaba a ahorrar y se sentaba todas las semanas con Carlos para discutir el dinero que gastaría y lo que ahorraría. Julián murió cuando Carlos tenía trece años, pero estas enseñanzas forjaron buena parte del carácter del futuro magnate. 

Estudió la carrera de ingeniero civil y se licenció en 1961 con 22 años, tras lo cual recibió la herencia familiar con la que compró su primera empresa, una embotelladora de refrescos llamada Jarritos del Sur. Cuatro años más tarde, su actividad como bróker había sido tan rentable que ya gestionaba una cartera de un millón de dólares. Ya había fundado por aquél entonces sus dos buques insignia, la constructora Carso y la financiera Inbursa. Entonces, como la Bolsa de México se le quedaba pequeña, marchó a Wall Street, donde aprendió las estrategias de grandes inversores como Warren Buffet o Benjamin Graham. 

Desde entonces, sus negocios siguieron viento en popa, aunque el gran salto llegó con la gran crisis mexicana de 1982. Muchos empresarios abandonaron el país, pero Slim se quedó e inició una frenética campaña de compra de empresas a precios de saldo. Cuatro años más tarde era el dueño de Seguros de México, las mineras Frisco y Nacobre, la cadena de tiendas Sanborns o los hoteles Calinda. Y en 1990 le llegó la gran oportunidad, cuando gracias a sus buenos contactos en las altas esferas, se hizo con la empresa de teléfonos estatal Telmex. Y desde ahí ha construido el imperio que ahora conocemos.

Para entender cómo hace negocios el hombre más rico del mundo, Ferrán Martínez ha desarrollado en la obra “La alquimia de la prosperidad” (Urano) un decálogo que explica la particular forma que tiene Slim de enfrentarse a los negocios, y a la vida. 

1.- Mantener estructuras simples, organizaciones con mínimos niveles jerárquicos. Potenciar el desarrollo humano y la formación interna de los empleados, así como la flexibilidad y la rapidez en la toma de decisiones. En definitiva, se trata de operar con las ventajas de la empresa pequeña, que son las que hacen grandes a las grandes empresas. 

2.- Mantener la austeridad en tiempos de vacas gordas es algo que fortalece, capitaliza y acelera el desarrollo de la empresa. También evita los amargos ajustes drásticos cuando llegan las crisis. 

3.- Siempre hay que estar activo en la modernización, crecimiento, capacitación, calidad, simplificación y mejora incansable de los procesos productivos. Es fundamental incrementar la competitividad y la productividad. Y hace falta compararse siempre con los mejores, como si fuéramos atletas. 

4.- Las empresas nunca deben limitarse a la medida del propietario o del administrador. No hay que caer en la trampa de sentirnos grandes en nuestros pequeños corralitos y hacer la mínima inversión en activos que no rinden lo suficiente. 

5.- No hay reto que no se pueda alcanzar trabajando unidos, con claridad de objetivos y reconociendo los instrumentos. 

6.- El dinero que sale de la empresa se evapora, por eso, hay que reinvertirlo. 

7.- La creatividad empresarial no solo es aplicable a los negocios, también es la solución a muchos de los problemas de los países. 

8.- El optimismo firme y paciente siempre rinde sus frutos, al contrario que la euforia o el optimismo fantasioso. 

9.- Todas las épocas son buenas para quienes saben trabajar y tienen con qué hacerlo. 

10.- Nuestra premisa es siempre tener presente que nos vamos sin nada, que solo podemos hacer las cosas en vida, y que el empresario es solo un creador de riqueza que la administra temporalmente.

 

Créditos para: http://www.finanzas.com/noticias/empresas/20140818/decalogo-carlos-slim-2736548.html 

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