Día: 1 diciembre, 2014

El Centro Wiesenthal da por muerto al último jerarca nazi

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                                            Retrato del nazi Alois Brunner. / AGENCIA EPA

El Centro Simon Wiesenthal acaba de cerrar una etapa del siglo XX al dar por muerto al último jerarca nazi que todavía podía seguir en libertad: el capitán de las SS Alois Brunner, responsable de la deportación de al menos 128.000 personas a los campos de exterminio. “Nos ha llegado información de que murió en Siria hace unos cuatro años”, señala por teléfono Efraim Zuroff, principal investigador del centro. Según los nuevos datos que maneja, Brunner se instaló en Damasco en los años cincuenta y fue asesor del presidente Afez el Asad, padre del actual dictador sirio. “Podíamos decir que le instruyó en asuntos como la tortura o la deportación de personas”, agrega Zuroff.

La fuente de estos nuevos datos es un miembro de los servicios secretos alemanes que conoce muy bien los movimientos de los nazis en Oriente Próximo. Brunner estaría enterrado en Damasco. El centro dedicado a la persecución de criminales de guerra nazis, que actualmente tiene en marcha la llamada Operación Última Oportunidad, destinada a capturar a los últimos ejecutores del Holocausto vivos, considera que está muerto al 99%, aunque no puede confirmar al 100% la información porque no tiene pruebas materiales de su fallecimiento.

“Podemos decir que es el último gran criminal de guerra, el último jerarca nazi que ha fallecido”, agrega el cazador de nazis Zuroff, que este lunes se encontraba de viaje en Noruega. En su último informeanual, el Centro Simon Wiesenthal le definió como “el más importante criminal nazi que no ha sido procesado y que podría estar todavía vivo, aunque la probabilidad de que haya muerto aumenta cada año, dado que nació en 1912”. “Fue visto por última vez en 2001. Consideramos que debe ser mencionado en las listas de más buscados del Holocausto”, agrega el documento.

Considerado uno de los lugartenientes de Adolf Eichmann, el que fuera el ejecutor de la Solución Final (sobre el que Hannah Arandt escribió su famosa frase de la “banalidad del mal”), fue el responsable de la deportación de 128.000 personas en cuatro países europeos: Austria, Grecia, Eslovaquia y Francia, donde fue el jefe del campo de Drancy, el lugar desde el que los judíos franceses eran deportados a Auschwitz para ser asesinados. En 2001, fue condenado a cadena perpetua en ausencia en París por la deportación de 352 niños en el verano de 1944. Así le define el centro de información sobre el Holocausto que mantiene el Museo de la Tolerancia: “El Hauptsturmführer de las SS Alois Brunner perteneció al pequeño grupo que ayudó a Adolf Eichmann a llevar a cabo la Solución Final”.

La versión francesa de Slate cita entrevistas concedidas por Brunner en los años ochenta. En una explica que abandonó Alemania hacia Egipto en 1954 con un falso pasaporte y que finalmente acabó en Siria. En otras espeluznantes declaraciones, al Chicago Sun-Times,aseguró: “Los judíos merecían morir. No tengo remordimientos. Volvería a hacerlo”. En Siria, adoptó el pseudónimo de Georg Fischer y trabajó como traficante de armas. Según Zuroff: «Estaba implicado en la persecución de la comunidad judía en Siria y era un experto en el terror y la tortura. Decía de si mismo que lamentaba no haber matado más judíos. Nunca se arrepintió».

El Centro Simon Wiesenthal recuerda que el Mossad logró enviarle dos cartas bomba, en 1961 y 1980, a causa de las que perdió un ojo y la mano izquierda. También el centro le relaciona con la llamada Red Gehlen, formada por antiguos jerarcas nazis que fueron utilizados por Estados Unidos para espiar a la URSS. Este episodio del final de la II Guerra Mundial, hasta ahora poco conocido, es objeto de un libro de investigación, recientemente publicado en EE UU: The nazis next door. How America Became a Safe Haven for Hitler’s Men, de Eric Lichtblau.

Hasta ahora, los dos últimos jerarcas nazis que figuraban en la lista eran Aribert Heim, que se considera muerto desde 2009, y Brunner, por el que tanto Alemania como Austria ofrecían recompensas.

Actualmente se mantiene abierto en Alemania un último caso contra criminales de guerra de nazis. Según explica Zuroff, se basa en un cambio legislativo esencial que se produjo en 2009, tras el caso John Demjanjuk, un ucranio acusado de crímenes de guerra fallecido en 2012 cuando su caso estaba en apelación. Hasta entonces, para condenar en Alemania a alguien por crímenes de guerra o genocidio había que demostrar que había asesinado personalmente a alguien. El cambio es que, desde entonces, bastaba con hubiese estado destinado en alguno de los seis campos de exterminio nazis –Chelmno, Belzec, Sobibor, Treblinka, Auschwitz-Birkenau y Majdanek– o que hubiese formado parte de los siniestrosEinsatzgruppen —los batallones que asesinaron a cientos de miles de judíos en matanzas al aire libre en el este de Europa— para ser considerado un criminal. La fiscalía alemana mantiene abierta una investigación sobre unas 30 personas, y uno, Oskar Gröning, de 93 años, fue formalmente acusado el pasado septiembre.

Créditos para: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/01/actualidad/1417440746_422975.html

EL PRECIO DEL DINERO. Breve historia del interés y la usura

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Precio del dinero


Todo tiene un precio… Hasta el dinero.
El precio del dinero es muy particular, pues viene expresado en porcentaje y además está asociado con la variable tiempo, se trata de la tasa de interés.

En la antigüedad el término comúnmente usado para referirse al precio a pagar por un préstamo, ya sea dicho préstamo en dinero, bienes, granos o animales, era el de usura. La expresión interés vino a sustituir en tiempos más recientes a la palabra usura, que quedó reservada para calificar el cobro de intereses excesivos.

Sin embargo no a todos les ha parecido lógico que se le pueda poner precio al dinero, que es en definitiva la unidad de cuenta que permite a los agentes económicos fijar los precios de los bienes y servicios que intercambian entre sí.

Las voces en contra se escuchan desde hace mucho tiempo atrás, y ya en la Biblia se lee:

image003-300x243[1]“Si prestas dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él; no le cobrarás interés.” (Éxodo 22:25)

“No tomarás interés ni usura, antes bien teme a tu Dios y deja vivir a tu hermano junto a ti. No le darás a interés tu dinero ni le darás tus víveres a usura.”
(Levítico 25:36).

“…quien no presta con usura ni cobra intereses…, un hombre así es justo”(Ezequiel 18:8-9)

“No prestarás a interés… ya se trate de réditos de dinero, o de víveres, o de cualquier cosa que produzca interés.”
(Deuteronomio 23:20).

Pero no sólo en los textos sagrados encontramos objeciones al cobro de un precio por el dinero sino que varios filósofos griegos igualmente las tuvieron, y entre los que más influyeron en los tiempos futuros con sus argumentos fue Aristóteles, para el cual “…es digno de execración general el tráfico de dinero que saca ganancia de la moneda violentando su oficio”, ya que según el gran filosofo el dinero fue inventado solo para facilitar las permutas, considerando entonces antinatural que a través de la usura el dinero engendre dinero.

En Roma fue práctica común los préstamos a interés, tanto plebeyos como patricios solicitaban a los prestamistas dinero para cubrir sus necesidades a tasas que no tenían mayor regulación que la del mutuo acuerdo entre las partes, de ahí que se llegase a cobrar por los prestamos tasas de 48% al año, con el agravante de que era normal que al deudor que no cumpliera con sus obligaciones se le redujera a la esclavitud a favor de su acreedor por un tiempo estipulado, equivalente al monto adeudado. Hubo grandes romanos muy endeudados, como Julio Cesar, y muchos patricios también eran prestamistas como Brutus, uno de sus asesinos.

No será sino a finales del Imperio Romano que el Emperador Justiniano (Siglo VI D.C.) legisle al respecto y se reglamente el cobro de intereses por los prestamos, fijando tasas que varían entre un 3 y un 12% al año, dependiendo del riesgo de las operaciones.

En la Edad Media, los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia, fueron muy severos en sus juicios acerca del cobro de intereses, calificándolo incluso de“pecado de usura”. Para esta época se consideraba el tiempo como de propiedad divina por lo que cobrar por el uso de un objeto o bien por un periodo determinado era comerciar con una pertenencia de Dios, algo prohibido bajo pena de excomunión. El prestigioso Santo Tomás de Aquino, una autoridad intelectual casi indiscutible para la época, desgraciadamente le prestó demasiada atención al tema; y a la objeción aristotélica de la esterilidad del dinero le anexó su tesis de que teniendo el dinero un valor facial ya fijado de antemano (valor nominal) era antinatural y pecado que un prestamista hiciera que una suma de dinero valorada en una determinada cantidad, al final de un determinado periodo, lograra que se le pagara por la misma un monto mayor. Dadas estas circunstancias y so pena de ser excomulgados de la Iglesia Católica, que era lo mismo que decir que se le prohibiera la entrada al Paraíso, los cristianos en su mayoría se abstuvieron de cometer el pecado de usura y dejaron que de eso se encargaran otros, entrando en escena los judíos, quienes se especializaron, entre otros oficios, en el de prestamistas (los mismos no podían tener propiedades, pero podían comerciar y prestar algunos servicios). Estando negado el préstamo a interés a los cristianos y como los descendientes de Abraham no podían ser excomulgados, éstos pudieron actuar con cierta libertad en este campo, y por si fuera poco en un pasaje del Antiguo Testamento encuentran incluso “permiso” para hacerlo: “Al extranjero podrás prestarle a interés, pero a tu hermano no le prestarás a interés.” (Deuteronomio 23:21). Al final los judíos se convirtieron en grandes banqueros y comerciantes, prosperando y haciendo prósperos a aquellos pueblos donde fueron tolerados.

En el Renacimiento cambió la manera de ver al dinero, como tantas otras cosas que cambiaron en esa época, se le reconoce al mismo su condición de ser no sólo unidad de cuenta y medio de cambio, sino también el de ser una mercancía más que podía ser comprada, vendida o arrendada y el tipo de interés pasó a ser el precio de ese arrendamiento. Cada vez más los préstamos pasaron de ser solicitados por campesinos arruinados por una mala cosecha u otra catástrofe para dar de comer a su familia, a ser solicitados por comerciantes para ser invertido en alguna empresa de negocios y también por nobles necesitados de armar ejércitos ya sea para la defensa o la conquista. Por lo que la carga moral del cobro de intereses disminuyó al ser los solicitantes personas que buscaban un beneficio con el dinero recibido en préstamo.

En Inglaterra, bajo el reinado de Enrique VIII (reinó de 1.509 a 1.547), se produjo la ruptura con la Iglesia Católica y se instituyó la Iglesia Anglicana, con el propio rey a la cabeza de la misma, era también el tiempo de la Reforma Protestante en algunos países de Europa y de la disminución de la influencia de la Iglesia Católica en muchos aspectos de la vida mundana, el comercio y la política, por ejemplo. Una de las acciones más interesantes de Enrique VIII fue solicitar a los comerciantes de la City de Londres un préstamo al 10% anual, avalando con esto de hecho y de derecho el oficio de prestar a interés y estableciendo una tasa referencial. Lo cual fue incluso reseñado por Adam Smith en su libro La riqueza de las naciones: “Por decreto de Enrique VIII fue prohibida en Inglaterra y declarada ilegal toda usura o interés que pasase del diez por ciento”. La cuestión pasaba ahora no a discutir sobre si se presta o no a interés, sino a la tasa a la que debe prestarse para que la operación no sea considerada como usura. Por lo que la regulación de la misma quedó como potestad de los legisladores y las autoridades en materia económica.

Con la Revolución Industrial se generalizó el préstamo a interés para respaldar las iniciativas de la nueva clase industrial, ya se distinguía claramente entre préstamos para consumo y préstamos para producción y los antiguos escrúpulos acerca del oficio de prestar dinero a una tasa de interés habían quedado muy atrás en el tiempo. De hecho hay quien afirma que aquellos países con sistemas financieros más desarrollados y capaces de aportar capital a las decisiones de los capitanes de empresas fueron los que a la larga se convirtieron en potencias comerciales e industriales en los Siglos XIX y XX (Inglaterra, Holanda, Alemania, Estados Unidos, etc.).

Lamentablemente también debemos afirmar que la usura como práctica reprobable aún existe, y es más común en los países pobres, la misma se aprovecha precisamente de los más desfavorecidos y es practicada como parte de la economía subterránea o sumergida. Son generalmente los usureros beneficiados por la poca bancarización de la sociedad y las altas barreras que presenta la banca tradicional para dar acceso a los productos y servicios bancarios al grueso de la población. Frente a esta situación las políticas públicas deben dirigirse a una bancarización masiva de sus habitantes y en el desarrollo del sector de las microfinanzas que apoye a los pequeños emprendedores en sus negocios, para disminuir los préstamos usurarios a su mínima expresión.

NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. H. J. Jiménez, @hjjc13 . Invitamos enviar aportes o sugerencias sobre Historia de la Tasa de Interés a yoskira@monedasdevenezuela.net

Créditos para: http://www.monedasdevenezuela.net/articulos/el-precio-del-dinero-breve-historia-del-interes-y-la-usura/

De un Gigante para otro Gigante

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