Una espía llamada Coco Chanel

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La gran diseñadora trabajó para los servicios secretos alemanes durante la ocupación de París. Intentó aprovechar las leyes antisemitas para apropiarse de las acciones de su socio judío

La diseñadora Coco Chanel, en su estudio en París en 1937. / ROGER-VIOLLET

Hay genios que esconden un lado oscuro. Coco Chanel es uno de ellos. La mujer que fundó el imperio que lleva su nombre, la misma que transformó el modo de vestir de millones de mujeres y que comercializó el perfume más prestigioso y conocido (el Nº5), trabajó clandestinamente para los servicios secretos alemanes durante la ocupación francesa (1940-1944). Un libro biográfico del medio centenar publicados sobre el perfil de este emblema de Francia convirtió en certeza hace dos años lo que hasta entonces era una sospecha: Coco Chanel fue reclutada por el espionaje germano. Esta semana, por vez primera, un medio nacional —France 3— ha indagado en las profundidades de un lado de la historia que Francia prefiere con frecuencia ignorar: el colaboracionismo de uno de sus grandes mitos contemporáneos.

Cuando los alemanes ocuparon París en mayo de 1940 Coco Chanel tenía 57 años. Para entonces, ya era una referencia mundial en el universo de la moda y una empresaria de prestigio con 4.000 empleados en sus diferentes talleres. Ella, como otras celebridades de la época, huyó, asustada, al sur del país para regresar al poco tiempo a París. Los alemanes deseaban mantener la fama de la ciudad como capital de las artes y el entretenimiento y lograron el retorno de Chanel, del actor Jean Gabin o de la bailarina y cantante Joséphine Baker, convertida secretamente también en espía, pero en este caso al servicio de los aliados.

Durante dos horas de emisión, el programa mensual de France 3 La sombra de una duda desgranó el pasado lunes, en un capítulo titulado Los artistas bajo la ocupación, el destino de un buen puñado de celebridades durante la ocupación alemana. El de Chanel resulta especialmente doloroso. La gran diseñadora no solo volvió a París, sino que regresó a su lujosa vida en el hotel Ritz y se enamoró de Hans Günther von Dincklage, un diplomático alemán que dominaba el francés y que resultó ser un reclutador nazi de espías. A través de él logró Chanel la liberación de su sobrino Gabriel, del que siempre se sospechó que era hijo de la propia diseñadora.

Una vida de lujo

Coco Chanel nació en 1883 en Saumur (un pueblo del centro de Francia) en el seno de una familia humilde

El gran amor de su vida, el aritócrata británico Boy Capel, le prestó el dinero para su primer talles. Al cabo de unos años, la diseñadora había creado un imperio de la moda y explotaba, junto a su socio Pierre Wertheimer, Chanel Nª 5, el perfume creado por ella en 1921

Vivió durante casi su vida en grandes hoteles. Dos ‘suites’ del Ritz fueron su casa en París hasta su muerte en 1971

Los datos y documentos difundidos en el programa de France 3 son incontestables. Al poco de la ocupación, Coco Chanel, aprovechando las nuevas normas antisemitas, intentó arrebatar a su socio, el judío Pierre Wertheimer, la empresa Bourjois que comercializaba Chanel Nº 5. No lo logró. Wertheimer, conocedor de los peligros que le acechaban, había puesto previamente sus acciones a nombre de un tal Félix Amiot, que se las devolvió al final de la guerra. En aras de presentar una empresa renovada, Chanel, una mujer altiva y poco empática, despidió a gran parte de su personal; una venganza, en realidad, por la huelga que sus empleados habían realizado meses antes.

El tren de vida de Chanel durante los años de ocupación siempre generó sospechas en la sociedad francesa. Hal Vaughan, un viejo periodista americano, veterano de la guerra, publicó en 2012 los datos que confirmaban tan incómoda sospecha. Gabrielle Bonheur Chanel, más conocida por Coco Chanel, figuraba en los servicios alemanes como la agente F-7124. France 3 ha rescatado ahora documentos inéditos del ministerio de Defensa francés, de la Prefectura de policía y del Archivo Nacional de Francia que corroboran esa versión. De hecho, el viaje que Coco Chanel realizó a España en 1943 fue un intento de utilizar sus enlaces indirectos con el entonces primer ministro británico, Winston Churchill, para intentar que Londres se aviniera a firmar la paz unilateralmente con Berlín. Una misión fracasada.

El final de la ocupación de París, en agosto de 1944, dio paso, los primeros días, a la cruel persecución de todo colaboracionista. Mientras las turbas rapaban y emplumaban a las mujeres, Coco Chanel era detenida y llevada ante un comité de depuración que la interrogó durante un par de horas antes de dejarla marchar. Nunca más fue molestada. Nadie indagó. Ningún tribunal interrogó siquiera a esta dueña de un imperio de la moda, la joyería y la perfumería que mantenía espléndidas relaciones con la aristocracia y el arte de todo el continente. A pesar ello, optó por un exilio dorado en Suiza que duró diez años. Allí se tomó la última foto que se tiene de ella, datada de 1949, junto a su apuesto amante alemán.

Coco Chanel regresó a París y recuperó sus lujosas estancias en el Ritz. Allí murió la millonaria, en 1971, tras encontrarse repentinamente enferma, tumbada en su cama, perfectamente vestida, peinada y maquillada, a los 88 años de edad. Pocos han querido remover después el lado más tenebroso de su biografía. “¿Ha visto usted la repercusión que ha tenido el programa?”, pregunta retóricamente a EL PAÍS el productor ejecutivo de Martange Production Frédéric Lusa, responsable de este programa, para responderse: “Por esta historia solo se han interesado los medios extranjeros”.

La sobrina-nieta de Gabrielle Bonheur Chanel, Gabrielle Palasse, hija de Gabriel —aquel al que salvó Hans Günther von Dincklage—, confesó una vez públicamente que nunca se atrevió a preguntarle a Coco Chanel si en realidad era nieta suya. Pierre Wertheimer terminó convenciendo al genio de la moda para quedarse con la firma, si bien mantuvo a la gran Coco como socia creativa y cubrió todos sus gastos hasta el fin. Los nietos de Pierre, Gerard y Alain Wertheimer, son hoy los dueños del imperio Chanel, que dispone de casi 200 tiendas en todo el mundo. Firma familiar que no cotiza en bolsa, Bloomberg evaluó recientemente la fortuna de los Wertheimer en 5.600 millones de euros.

En 1983, los nuevos gestores ficharon al diseñador Karl Lagerfeld, el estrambótico y genial personaje. Esta es su opinión sobre Coco Chanel y su lado oscuro: “La verdad no nos concierne. Una leyenda es una leyenda. Prefiero mi fantasía a los detalles históricos […]. Lo que importa no es la realidad, sino la idea que tenemos de las cosas y las personas. Para mí, Chanel es una idea y eso es lo que yo desarrollo”.

Créditos para: http://elpais.com/elpais/2014/12/05/estilo/1417797621_395729.html

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