Viaje a las tinieblas de Corea del Norte

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25/ 12 / 2014.- El siguiente reportaje cubre la fase previa a la asunción de Kim Jong-un al Poder, la cual presentaremos en reportajes posteriores.

Banner Corea del Norte por ti.

18 de Julio: VIAJE AL EJE DEL MAL. CRÓNICA DE UN DÍA EN COREA DEL NORTE

Era la Hora H del Día D, las 5:40 de la mañana del 18 de julio de 2008. Pero en aquel establecimiento de Gwanghwamun marcado como punto de encuentro en mis papeles no había absolutamente nadie. Únicamente un señor barriendo la calle que de vez en cuando volvía la vista como preguntándose qué demonios estaba haciendo allí. Cuando en el reloj marcaban las seis me empecé a preocupar e incluso llegué a pensar que me habían timado o se había cancelado el tour a última hora. De pronto una pareja de rasgos orientales charlaba con una chica también oriental unos metros más allá. Me acerqué y pregunté si tenían que ver con la agencia Gonsee y la visita a Kaesong. Con un escueto “Yes” obtuve la respuesta esperada. Unos segundos después se bajaban de un taxi dos personas adultas, claramente occidentales, que me preguntaron en inglés si conocía Twosome Place. Era el lugar exacto donde habíamos quedado para partir a nuestro periplo norcoreano. Para mí era perfecto porque podía tener a alguien con quien hablar y con quien comentar las jugadas. Porque como tuviera que esperar a tener mucha charla con coreanos, lo llevaba claro.

Un autobús se detuvo ante nosotros y el conductor, con una lista en la mano, nos preguntó nuestros nombres. Barry y Karen Rosenthal, de nacionalidad estadounidense, fueron los primeros en subir. Ellos y yo éramos los únicos occidentales en aquel autobús lleno de ojos rasgados mayoritariamente coreanos, aunque también había algunos japoneses.

Ya subidos en el autobús, segundos antes de partir hacia la DMZ, me puse a pensar en los pesados trámites que había realizado en los últimos meses y en que hasta hacía unos pocos minutos no se me había garantizado al 100% la posibilidad de hacer aquel viaje. Había dependido siempre de la discrecionalidad del Gobierno norcoreano y de que no se rompieran definitivamente unas relaciones prácticamente necrosadas entre dos Estados que se encuentran en un alto el fuego desde hace más de cincuenta años.

Me gustaría, antes de entrar en harina, contextualizar el relato explicando qué le hace a Corea del Norte ser uno de los países más extraños del Planeta y un miembro destacado del Eje del Mal. Son muchas las preguntas y pocas las respuestas con las que poder comprender cómo en pleno siglo XXI siguen vigentes en esta Nación los principios más rancios del comunismo stalinista. ¿Cuál fue el génesis de las dos Coreas? ¿Qué es eso de la Zona Desmilitarizada ó DMZ? ¿Quién es el Gran Líder? ¿Y el Querido Líder? ¿Por qué Corea del Norte forma parte del Eje del Mal? Miremos un momento por el espejo retrovisor de la Historia antes de cambiar de carril.

HISTORIA Y ACTUALIDAD DE COREA DEL NORTE

LA GUERRA DE COREA Y LA CREACIÓN DE LA ZONA DESMILITARIZADA

Japón, que había invadido Corea en la primera década del siglo XX, se había convertido en el último gran enemigo de las tropas aliadas durante la II Guerra Mundial, con Hitler muerto y el nazismo ya derrocado. La contienda, que se había trasladado al Pacífico, requería de la rendición final nipona. Los norteamericanos decidieron que una forma eficaz de eliminar posibles agresiones de Japón a esta zona de Asia podía ser dividir de forma temporal la Península de Corea en dos mitades separadas por el paralelo 38. La vertiente norte estaría bajo la influencia y control de la Unión Soviética (por mera proximidad geográfica), y el lado sur bajo el de los Estados Unidos.

Pero cuando terminó la Guerra Mundial no se produjo la tan ansiada unificación. Es más, las dos potencias “estabilizadoras” (que más bien fueron todo lo contrario) a cada lado utilizaron ambas zonas para esgrimir sus insalvables diferencias ideológicas. La ONU propuso celebrar unas elecciones en la totalidad del territorio coreano, pero finalmente sólo se realizaron en el lado Sur siendo elegido Syngman Rhee (15 de agosto de 1948), un nacionalista conservador y cristiano para nada partidario de las ideas comunistas, y por tanto, bien visto por Estados Unidos. En septiembre del mismo año se proclamó unilateralmente en el norte la República Democrática Popular de Corea, con Kim Il-Sung al frente del gobierno del país. Éste había luchado fervientemente contra los japoneses y había bebido de las fuentes ideológicas del comunismo de China y de la URSS, llegando a ser incluso capitán del temido Ejército Rojo.

La Guerra fría entre los bloques ruso y norteamericano hicieron del suelo coreano su ring particular. Las diferencias políticas e ideológicas del Norte y del Sur se antojaban definitivas, por lo que bastó un visto bueno de Stalin para que Kim Il-Sung se lanzara un 25 de junio de 1950 con más de 90000 hombres al otro lado del Paralelo 38 con objeto de “reconquistar” a los cachorros capitalistas y unificar ambos lados bajo un gobierno socialista. El ataque cogió por sorpresa al lado Sur y a Estados Unidos, y en pocos días llegaron a tener el control casi completo de la Península de Corea (se quedaron a las puertas de Busan). Un ejército compuesto por surcoreanos y militares de varios países miembros de las Naciones Unidas, encabezados por los norteamericanos, forzaron a las tropas del norte (apoyadas por la milicia soviética) a replegarse, y así recuperaron Seúl primero y llegaron a Pyongyang poco después. Kim Il-Sung huyó a la China de Mao, que muy poco después intervendría también en la contienda con un duro ataque aéreo y terrestre con el que llevó nuevamente a Seúl al lado Norte. La amenaza nuclear estaba en el aire, y más cuando apenas unos años antes Estados Unidos había dado muestra de lo que era capaz en Japón con las Bombas Atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Durante los meses siguientes continuaron las incursiones de unos y otros, variando el control territorial en apenas unos kilómetros, pero afortunadamente la cosa no pasó de ahí.

Las negociaciones de Paz iniciadas en 1951 se sucedieron hasta lograr el 27 de junio de 1953 un alto el fuego mediante un armisticio firmado por las dos Coreas, China y EEUU que continúa vigente hoy día. Con este acuerdo se tapaba una sangría de muertes que ya había sobrepasado la elevada cifra de tres millones. Para evitar futuras confrontaciones se creó una frontera de contención en el propio Paralelo 38 conocida como Zona Desmilitarizada (DMZ). Esta franja, de 260 kilómetros de largo y 4 de ancho, separa desde entonces ambas naciones en un terreno verde desprovisto de toda presencia humana pero inundado de peligrosas minas antipersonas. A ambos lados de la frontera hay más de dos millones de militares vigilando cualquier mínimo movimiento hostil del vecino. En el sur junto a los coreanos hay miles de soldados estadounidenses para contener un probable ataque del norte. El escenario está considerado como la Frontera más militarizada y peligrosa del Planeta. Durante varias décadas ha sido objeto de varios intentos de incursión al sur por parte de la República Democrática Popular de Corea. Se han llegado a localizar cuatro túneles subterráneos, aunque se piensa que hay un número cercano a los veinte. Nadie quita el ojo porque la Paz no está en absoluto garantizada.

Mapa de la DMZ por ti.

KIM IL-SUNG, PRESIDENTE ETERNO Y GRAN LÍDER. COMIENZA LA ERA JUCHE.

El que fuera responsable directo de los designios de la República Democrática Popular de Corea (DPKR) desde 1948 hasta 1994 es el ejemplo más latente de Dictador megalómano y totalitario. Kim Il-Sung, nada más finalizar la guerra con el bloque sur-capitalista, erradicó toda oposición política y pasó a ser Presidente incluso hasta después de su muerte, ya que se le reconoció como “Presidente Eterno” del país.

kimilsung por ti.

Con Corea del Norte devastada por la guerra, emuló a la URSS stalinista hasta sus últimas consecuencias. Apostó por el desarrollo de la Industria metalúrgica, del aparato militar (4º país con más soldados del mundo) y por colectivizar la agricultura. Todo pasó a ser propiedad del Estado, eliminando la propiedad privada pero comprometiéndose a garantizar el alimento y los recursos de necesidad a todos sus habitantes.

Kim Il-Sung, comunista de una ortodoxia sin fisuras, implantó la aún vigente Filosofía o Ideología Juche, consistente en la autoconfianza del Estado que supone una absoluta y absolutista Independencia económica (Nulo comercio exterior con la excepción de productos no disponibles en el país, como por ejemplo el Petróleo), la priorización del aspecto militar en la política, un Nacionalismo férreo y el rechazo a los principios Capitalistas/Imperialistas.
La ideología juche llevada a sus máximos extremos haría quebrar el sistema económico norcoreano, trayendo hambrunas y falta de recursos mínimos a sus habitantes. Ni que decir tiene que el aislamiento con el resto de Naciones fue total.

La propaganda a favor del Dictador y en contra de todas las influencias extranjeras se aplicó con firmeza. El exagerado culto a la personalidad llevó a conocerse a Kim-Il-Sung como el “Gran Líder” y a considerársele prácticamente como una Dios al que venerar. Su cumpleaños se celebraba por todo lo alto como Día Nacional. Se pusieron carteles por todas partes, se levantaron estatuas gigantescas, se manipuló de la Enseñanza para ensalzar a su persona y a la Patria. Estas son apenas algunas de las características de la Dictadura norcoreana, antes y ahora. Sin olvidarnos del rígido control de la población del país para no expresar ideas contrarias al Régimen y de los consecuentes castigos de cárcel, tortura o muerte a toda disidencia, que por otra parte, parecía y parece tan inexistente como ineficaz.

Una curiosidad más mitológica que real en torno al Gran Líder. Se asegura en Corea del Norte que Kim Il-Sung escribió en torno a 18000 libros en toda su vida. Haciendo cuentas significa un libro al día durante 49 años. Esta irrealidad jamás se ha rebatido en el país por muy estúpida que parezca.

Se decidió en 1974 que el sucesor de Kim Il-Sung sería su hijo Kim Jong-Il, constituyéndose el primer caso en el mundo de Dinastía comunista de transmisión hereditaria.

KIM JONG-IL, EL QUERIDO LÍDER Y SUS ESCARCEOS NUCLEARES EN EL NUEVO EJE DEL MAL.

Según las fuentes oficiales de la DPKR el nacimiento de Kim Jong-Il “fue presenciado por una golondrina y apareció una nueva estrella en el cielo y un doble arco iris sobre la Montaña Paekje”. Éste es un ejemplo claro de cómo la Dictadura norcoreana se ha esforzado en reinventar la Historia. Porque éste ni si quiera nació en Paekje, montaña considerada sagrada por los norcoreanos, sino en un campamento militar siberiano de la Unión Soviética donde su padre comandaba una Brigada del Ejército Rojo compuesta por soldados de China y de Corea.

Kim Jong-Il no renunció a la megalómana y esquizofrénica propaganda de su padre. Se hizo llamar “Querido Líder” o “Amado Líder” y levantó también estatuas, carteles conmemorativos además de declarar su cumpleaños Fiesta Nacional.

A pesar del colapso económico y de severas hambrunas donde se calcula que murieron en torno al millón de personas en los años noventa, siguió los pasos de su padre con la priorización de las inversiones en el Aparato militar y armamentístico, como únicos garantes de la Independencia de la Nación. Por la proliferación de Armas de Destrucción Masiva y las pruebas nucleares ejercidas ilegalmente en 2006 Corea del Norte pasó a formar parte de la lista negra del gabinete de George W. Bush. Se convertía, por tanto, en un miembro del temido Eje del Mal, y su Dictador como mayor responsable de la desestabilización de la zona.

Con el inicio del nuevo milenio pareció haber un acercamiento entre las dos Coreas, comprometiéndose incluso a poster nkorea2 por ti.superar el Armisticio y firmar un Tratado de Paz. Todo dependía de la desnuclearización de la DPKR con el desmantelamiento paulatino de sus Instalaciones, proceso que iniciaron a primeros de julio de 2008. Pero la tensión rebrotó nuevamente el día 11 de ese mismo mes con el tiroteo a una turista surcoreana que visitaba la zona de Kumgang, la montaña Diamante que, junto al área de Kaesong, eran los únicos lugares accesibles desde el Sur gracias al acuerdo con Hyundai Asan y el Ministerio de la Unificación Coreana. La mujer se alejó de los guías y tras ser recriminada y asustarse echó a correr sin rumbo concreto. Recibió varios tiros por parte de un soldado norcoreano y su cuerpo fue puesto en la Frontera. Corea del Sur pidió una investigación exhaustiva al respecto y Corea del Norte adujo que la turista no había seguido las indicaciones de sus soldados y se había salido del “perímetro de seguridad”, por lo que se habían limitado a seguir las normas. La primera decisión surcoreana fue eliminar los tours a Kumgang de inmediato hasta que se esclareciera lo ocurrido y meditar la eliminación total de visitas turísticas a Corea del Norte hasta que se garantizara la seguridad. Las relaciones entre ambos países, por tanto, volvieron a resquebrajarse y actualmente la reconciliación se antoja tan lejana como improbable.

COREA DEL NORTE, UN GULAG EN EL ESTE ASIÁTICO.

La República Democrática Popular de Corea es de todo menos “democrática”. Se ha convertido en uno de los últimos resquicios de la Guerra Fría sobreviviendo a la caída del Muro de Berlín y de la URSS. Corea del Norte recuerda hoy día a las viejas purgas stalinistas que penaban cualquier disidencia con trabajos forzados en Siberia, con el encarcelamiento en Gulags (Campos de Concentración) o con ejecuciones sumarias. La falta de libertad expresión es total. No existen ni la telefonía móvil, ni internet para el pueblo. La televisión y la radio únicamente emiten información proporcionada de forma directa por el Estado. Lo mismo ocurre con la prensa. Un ciudadano de Corea del Norte no tiene posibilidad de acceder a información del exterior. Sólo conoce lo que el Querido Líder quiere que conozca.

Los ciudadanos del país viven bajo la estricta vigilancia de la milicia, a la que pertenece un amplio porcentaje de la población (1 de cada 20 son miembros de las Fuerzas Armadas). Se estima que existen numerosos campos de concentración con miles de presos políticos encarcelados donde la tortura está a la orden del día. Criticar el sistema comunista o rechazar una tradición supuestamente norcoreana es motivo suficiente para una reeducación forzosa.

La población vive con una sensación de amenaza constante por parte de los Estados Unidos, Corea del Sur y otros países del entorno capitalista. En Corea del Norte se enseña a odiar a Norteamérica por medio de soflamas propagandísticas de las que no se salvan ni los niños más pequeños. Todo el mundo está preparado para un inminente ataque que nunca llega. La obsesión con lo militar tiene es debido a que ven a su Ejército como único garante de la inviolabilidad del Estado y de la Defensa Nacional ante el enemigo Imperialista.

La pobreza se ha llevado a más de un millón de personas en la última década. Los problemas de desnutrición son palpables incluso en la estatura, ya que la media nacional es 8 centímetros inferior a la de sus vecinos del sur. Y la comparación en torno a riqueza entre ambos países es simplemente desesperante. Se calcula que la renta per cápita es diecinueve veces menor en Corea del Norte que en Corea del Sur.

La impermeabilidad del país ante las influencias extranjeras se mantiene con una firmeza inusitada en este mundo global y de la Sociedad de la Información. Allí se tapa la boca del que piensa y se abduce a la población con un endiosamiento desmedido hacia Kim Il-Sung y su hijo, sobre todo al primero. Vivir en Corea del Norte es vivir en una secta destructiva que anula al individuo, que no le deja pensar, no le deja hablar, y que le dice lo que tiene que hacer. Sus dos lemas son Adorar al líder por encima de Todo y Odiar al Enemigo Imperialista.

PREPARATIVOS Y REQUISITOS DE ENTRADA A COREA DEL NORTE

Me gustan los retos, y no cabe duda de que éste lo era. Cuando supe que iba a viajar a Japón y Corea del Sur moví tierra, mar y aire para enterarme si había alguna forma de cruzar al Norte. Conocía la existencia de agencias a las que pagando un dineral y solicitando permisos al Gobierno norcoreano, organizaban tours controlados con guías locales (es IMPOSIBLE viajar por libre) de una semana o diez días a Corea del Norte. Era una opción a desechar porque era muy cara, requería mucho más tiempo del que tenía, y sólo se podía llevar a cabo saliendo en avión desde la capital de China, Pekín. Fue entonces cuando navegando por internet encontré que desde hacía poco tiempo se podía cruzar la Zona Desmilitarizada (DMZ) desde Corea del Sur gracias a los tours organizados por la empresa Hyundai Asan, una de las ramas de la Compañía Hyundai. En los últimos años habían aflojado un mínimo las hostilidades entre ambas naciones y comenzaron a organizarse visitas “muy controladas” a dos áreas de Corea del Norte: El Monte Kumgang (Montaña Diamante) y Kaesong (ciudad histórica del antiguo Reino Goryeo, la tercera más poblada del país). Pero no de cualquier forma, se harían bajo petición previa con una antelación mínima de un mes, con la discrecional aprobación gubernamental (periodistas no, gracias), con un horario de visitas realmente estricto, acompañados de un séquito de guías durante todo el viaje, y con unos precios un tanto elevados teniendo en cuenta que la duración podía ser de 1 ó 2 días según el caso. Aunque, ni mucho menos, eran las únicas restricciones.

Yo contacté por e-mail dos meses antes de irme de viaje con la agencia turística surcoreana Gonsee, que tenía un convenio con Hyundai Asan para vender tours a Kaesong y al Monte Kumgang. Ofrecían en su web varias posibilidades para pasar una o dos noches y distintos precios para cada cosa. Me decanté por hacer Kaesong en un día (120€ aprox). La razón, al ser una ciudad más grande, podía ver un poco más a la verdadera Corea del Norte que en Kumgang, que al fin y al cabo es una zona eminentemente natural y despoblada.

mapakaesong por ti.

Realicé el pago en la web y envié todo lo que me pidieron: Foto escaneada, copia del pasaporte y una Solicitud donde debía indicar mi profesión, entre otras cosas. Según las personas de la Agencia con las que mantuve contacto repetidamente tanto por e-mail como por teléfono, toda esa información se enviaba a Corea del Norte para que ellos fueran los que dieran su aprobación. Yo no las tenía todas conmigo pero no podía hacer más que esperar a ver qué sucedía.

Estando en Japón me llegó la confirmación de que había sido admitido para entrar en Corea del Norte con la gente de Hyundai Asan y otros viajeros. El viernes 18 debía estar en un punto exacto de Seúl a las 5:40 de la mañana y esperar a que alguien me recogiera. Todo parecía que se iba a llevar a cabo con normalidad hasta el asesinato de la turista en Kumgang justo una semana antes, que llevó a que se suspendieran los viajes a la zona sine die. Por suerte para mí los tours a Kaesong se mantuvieron, aunque era evidente que con una muy próxima fecha de caducidad.

El último e-mail de la Agencia exponía de forma más concreta en qué iba a consistir la Excursión “al otro lado de la DMZ”. Se trataba de un planning muy conciso con el orden que se debía cumplir en la visita. Todo consistía en monumentos o parajes naturales del rico área histórico de Kaesong, tal y como se me había dicho en un principio. Yo era plenamente consciente de que los guías únicamente nos iban a llevar a lugares con Historia y que se iba a prescindir de toda visita a la realidad de Corea del Norte. Pero aún así estaba seguro de que no me iba a perder muchas de las cosas imposibles de tapar. Porque para ir a un Templo o a una catarata hay que pasar por la ciudad, por sus calles, por los campos de cultivo de una aldea… y allí la realidad es absolutamente tangible.

En dicho correo electrónico se me alertaba de lo que podía y no podía hacer durante mi estancia en Corea del Norte, así como los requisitos imprescindibles para penetrar a la hermética Nación de Kim Jong-Il. He aquí algunas (que no todas) las instrucciones personales que se me dieron en la que fuera mi última comunicación con la agencia. Sin duda a más de uno se le quitarían las ganas de ir y no meterse en líos:

– Los teléfonos móviles y otros aparatos de comunicación no están permitidos. Deberás depositar tu teléfono en la consigna de Hyundai Asan (en la frontera). Cuando la visita finalice podrás recuperarlos.

– Las cámaras con lentes superiores a 160 mm. y con capacidad de zoom igual o superior a 10 están prohibidas.

– Todo equipo eléctrico debe ser revisado antes de partir a Corea del Norte. Si no es lo suficientemente apropiado para traerlo al norte deberás dejarlo en la Consigna de Hyundai Asan donde se mantendrá seguro hasta tu vuelta de la visita. Esto incluye a todas las cámaras, cargadores de baterías, PDAs, ordenadores portátiles, grabadoras y reproductores de MP3 (aunque si no tienen un sistema de grabación podrás traerte tu MP3).

– Los periódicos y revistas procedentes de Corea del Sur no están permitidas. Es posible traer material de lectura personal pero, por favor, ten consideración de la temática que trata.

– Debes llevar SIEMPRE tu acreditación colgada al cuello (se entregará antes de la entrada a Corea del Norte). Serás multado con 100 dólares americanos si la pierdes o la dañas.

– No está permitido lavarse las manos o los pies en ríos o manantiales (bajo multa de 15$).

– No coger ningún objeto de la naturaleza (como rocas o conchas de mar).

– Hay muchas rocas grandes con grabados realizados por el Gobierno. No las toques ni te apoyes sobre ellas.

– Puedes hablar con la gente norcoreana que te encuentres, pero no tomes fotos de ellos de forma azarosa, ni realices fotos desde el interior del autobús. Además, ten cuidado con los temas de conversación que tratas con los norcoreanos.

– No está permitido tomar fotografías ni cuando se cruza al norte ni en toda la Zona Desmilitarizada.

– No se pueden realizar fotos panorámicas de la ciudad de Kaesong.

– No se debe enfocar con la cámara de fotos bajo ningún concepto a los norcoreanos, a los militares ni a los guías.

– NO HABLAR de política, relaciones diplomáticas, económicas y otros temas sensibles.

Estas normas son tan inquietantes como esclarecedoras del aislamiento y el secretismo que rodea a este país. El mero hecho de entrar absolutamente incomunicado a un lugar como este me parecía algo arriesgado, pero aún así estaba determinado a hacerlo. Sobrepasar la DMZ se había convertido en una verdadera obsesión y no había consejos o recomendaciones que me hicieran cambiar de opinión.

Más que lo del teléfono, me temía que lo que más me podía indignar era no tener libertad para sacar fotos a lo que yo quisiera. Ese aspecto iba a estar totalmente controlado y tan sólo se me iba a permitir enfocar mi cámara a objetivos muy diferentes de mis deseos reales. Las órdenes eran muy contundentes y no estaban las cosas como para quebrantar las Leyes norcoreanas. La última turista que se pasó de la raya volvió a su casa con los pies por delante.

Mi cámara de fotos superaba los 10 aumentos y sabía que no me la iban a dejar pasar. Aún así la metí en mi mochila por si acaso. Tenía previsto que me denegaran introducirla al país y me harían guardarla en la consigna de la frontera, por lo que me llevé una segunda cámara de tan sólo 3 aumentos de Zoom y pocos megapixels para salir del paso. Era bastante mala pero no había podido conseguir nada mejor en los últimos días.

Por supuesto no me llevé ni las guías ni los escritos de Corea que había traído en la maleta porque contenían “información sensible” desde el punto de vista norcoreano. Además de las cámaras, en mi mochila tan sólo había una bolsa de patatas fritas y la fotocopia del escueto programa de visitas.

LO QUE MIS OJOS VIERON EN COREA DEL NORTE

Nuestro autobús tardó algo menos de una hora en abandonar Seúl y en adentrarse dirección norte para aproximarse a los aledaños de la DMZ. A través de las ventanas pude ver cómo kilométricas alambradas con espinos y torretas de vigilancia se sucedían a lo largo de la orilla del Río Imjin. En la desierta Imjingang Station, que junto a Dorasan es la más próxima al lado norte, nos detuvimos durante 15 minutos para esperar a que nos autorizaran a continuar nuestro camino hasta el lado sur de la Zona Desmilitarizada, la controlada por soldados surcoreanos y norteamericanos desde aquel Alto el Fuego de 1953. Más allá de las vías eran perfectamente visibles las vallas y las torres de vigilancia. No obstante nos encontrábamos a las puertas de la Frontera más vigilada y más llena de militares del Planeta.

Retornamos al autobús y seguimos avanzando hacia la zona fronteriza. En apenas dos minutos el conductor fue disminuyendo la velocidad hasta detener totalmente el vehículo y avisar por megafonía que a partir de ese momento P1000710no se podían tomar fotografías. Por el cristal delantero observé con detenimiento cómo en la autopista, que contaba con varios carriles, había desplegadas decenas de barreras metálicas de color amarillo y negro. Además las vallas laterales tenían doble refuerzo de espinos. Numerosos militares armados hasta los dientes pedían la documentación a coches y camiones, y nosotros no fuimos menos. Al autobús se subió un militar con cara de pocos amigos que entabló una breve conversación con el conductor. Era un soldado surcoreano aceptando nuestra entrada a la vertiente sur y militarizada de la frontera. Nuestro vehículo, por tanto, arrancó y prosiguió por la carretera haciendo varias “S” para sortear las barreras de seguridad. Disparé con mi cámara porque al fin y al cabo estábamos en el lado sur y tenía más confianza en vulnerar las normas sin que ocurriera nada. En el autobús el silencio era abrumador, todos sus ocupantes teníamos la sensación de estar yendo hacia la boca del lobo.

Pero aún quedaba un trámite más y por eso nos detuvimos en Dorasan, donde se encontraba el Edificio donde debíamos recoger nuestras acreditaciones y dejar los objetos considerados hostiles por el Norte que ya mencioné DSCN0523antes. Cuando descendimos del autobús, un grupo de fotógrafos, cámaras de televisión y periodistas nos grabaron, fotografiaron y a muchos de los ocupantes les entrevistaron. Conmigo no se atrevieron por el tema del idioma, pero por lo que pude hablar con alguno de ellos, esperaban una visita muy especial aquel día. Ese viaje al Norte, después de lo sucedido con la malograda turista surcoreana abatida a tiros justo una semana antes, tenía tintes políticos. Iba a ser noticia en prensa, radio y televisión de todo el mundo. “Pero, ¿quién va a venir?, ¿por qué tanta prensa?” pregunté. Con un inglés dubitativo uno de los periodistas me dijo que la Junta Directiva de Hyundai Asan, con su Presidente a la cabeza, acudiría a este breve viaje a Corea del Norte para aliviar las fuertes tensiones generadas durante la semana y tranquilizar a una población nerviosa que pedía finiquitar dichos tours hasta que se garantizara por completo la seguridad. Pero los intereses de Hyundai Asan iban más allá. Las exclusivas y poco económicas excursiones al Norte eran tan sólo una parte del gran negocio multimillonario que tenían con el país vecino. En ese momento se estaba construyendo un enorme Complejo Industrial en el área de Kaesong donde iban a trabajar miles de coreanos, del norte y del sur, mano a mano. Era una enorme inversión que no podía venirse al garete por un problema que había adquirido ya tintes políticos. El recién nombrado Presidente de Corea del Sur, Lee Myung-Bak, más beligerante que su predecesor en los asuntos del Norte, quería cortar de raíz toda relación con el país vecino hasta que Kim Jong-Il detuviera por completo su actividad nuclear, garantizara la seguridad de sus ciudadanos, y permitiera una investigación transparente del caso del asesinato en el Monte Kumgang.

Mientras tanto, porque allí no aparecía nadie, subimos a la segunda planta de esta especie de Oficina de tránsito y P1000714papeleo para que nos entregaran nuestras esperadas acreditaciones. Las estaba repartiendo una simpática chica de veintipocos años que a su vez nos pidió que le mostrásemos todos los objetos electrónicos que portábamos. Los fue revisando uno a uno, echando atrás la mayoría de ellos. Durante mi turno me guardó en una bolsa de plástico transparente mi teléfono móvil y me hizo sacar mi cámara de fotos. En cuanto la vio no tuvo dudas y me pidió depositarla en la consigna hasta mi vuelta, ya que al tener tanto zoom no me iban a permitir pasarla al Norte. No tuve más remedio que acceder si no quería que se la quedaran los soldados norcoreanos. A partir de ese momento mi cámara pasaba a ser otra digital casi de juguete con la que saldría del paso pero de la que no podía esperar demasiada calidad de imagen.

Mi acreditación consistía en un cartón identificativo, un bolsillo para el pasaporte y una serie de documentos para entregar en la aduana tanto del norte como del sur. Con ella en el cuello, como si fuera un corresponsal o periodista en un evento importante, me bajé a la calle donde ahora sí parecía llegar el Presidente de Hyundai Asan, Yoon Man-Joon, en un lujoso coche de lunas tintadas. La prensa le rodeó para arrancarle sus primeras declaraciones y yo me metí dentro como si fuera uno más.

De pronto nos reclamaron las personas que se serían nuestros guías surcoreanos porque teníamos que pasar un control de metales y de documentación bastante exhaustivo para poder retornar al bus y cruzar al norte de forma definitiva. A Karen, la norteamericana, le tiraron un mapa de Corea que guardaba entre el planning del viaje. Absolutamente nada que hiciera referencia al sur podía entrar a la oscura nación de Kim Jong-Il. Ese fue uno de los acuerdos a los que se llegó entre ambos países para que se pudieran desarrollar los tours a Kaesong y al Monte Kumgang.

DSCN0526Después de unos minutos esperando subió a nuestro autobús el Presidente de Hyundai Asan y parte de su séquito para viajar con nosotros. El Presi nos dedicó unas palabras para inaugurar la marcha. Las cámaras de televisión inmortalizaron la escena con detalle y cuando terminó de hablar Yoon Man-Joon, se marcharon.

A mi lado se sentó el Vicepresidente económico de Hyundai Asan, que se convirtió para los que éramos únicos occidentales en nuestro traductor y guía particular. Sin comerlo ni beberlo nos habíamos convertido en miembros de un viaje oficial. Surrealismo total.

Iniciamos, por tanto, el ansiado camino al Norte. Los soldados surcoreanos nos abrieron las barreras para darnos paso y así hacer los cuatro kilómetros que mide el corazón de la Zona Desmilitarizada. En aquel lugar no habita un alma desde hace casi sesenta años lo que ha favorecido que sea un lugar de naturaleza frondosa, importunada por algún que otro cartel de peligro y las vallas electrificadas a uno y otro lado de la carretera, sin olvidarnos de las minas antipersonas, de las que dicen que hay millares entre los matojos. Fuimos sobrepasando el infranqueable muro de contención en absoluto silencio. De vez en cuando el vicepresidente económico de Hyundai me señalaba alguna lejana torreta de vigilancia y me advirtió del momento exacto en que pasábamos de estar en “tierra de nadie” a encontrarnos en la vertiente norcoreana de la DMZ. Se me pusieron los pelos de punta sólo de imaginar que acabábamos de penetrar una tierra cuya jurisdicción pertenecía a la República Democrática Popular de Corea. Los soldados norcoreanos, de uniformes de color verde aceituna, y de gorros bastante grandes con una estrella roja en el centro, similares a los de la antigua URSS, permanecían clavados en el suelo sin apenas pestañear ni regalar un gesto mínimamente humano. Firmes y pétreos como estatuas, de mirada dura e inquebrantable, flanqueaban nuestro paso.

Nos detuvimos en un edificio gris donde por primera vez vimos la efigie fotografiada del Gran Líder, Kim Il-Sung, y de su hijo el Querido Líder, Kim Jong-Il, junto a la Bandera Azul y Roja de Corea del Norte. Nos pidieron que bajásemos para pasar el necesario control ante las autoridades norcoreanas. Abajo esperaban varios señores vestidos totalmente de negro, que habían venido a parlamentar con la gente de Hyundai. Además del negro riguroso estas personas se caracterizaban por llevar una insignia en su pecho de un sonriente Gran Líder sobre un fondo rojo. Los altavoces entonaron una canción coreana que, según los que allí estaban, mencionaba tanto a Kim Il-Sung como Kim Jong-Il, los amados padres de la Patria. Apenas llevábamos unos segundos y era imposible no percatarse de que los Dictadores Padre e Hijo eran omnipresentes.

El control fue aún más exhaustivo que en el lado sur. Durante varios segundos un guardia con gesto agrio examinó mi cámara y mi mochila al detalle. Antes de subir nuevamente al autobús, Barry, Karen y yo comentamos en voz baja nuestras primeras impresiones, la firmeza de los soldados, sus uniformes y, por supuesto, los pins de Kim Il-Sung que todo norcoreano portaba en la camisa. Lamentábamos encarecidamente no poder inmortalizar aquellas imágenes con nuestras cámaras de fotos, pero esa era una batalla que teníamos perdida.

En nuestro autobús, al que acababan de tapar su matrícula, se subieron varias personas que se presentaron como los guías norcoreanos del viaje. Unos vestían totalmente de negro y otros llevaban una especie de camisa blanca. Según el vicepresidente de Hyundai, mi traductor personal, comentaron en qué iba a consistir el tour y recalcaron en no pocas ocasiones que estaba terminantemente prohibido sacar fotografías desde el autobús y a todo aquello que no fuera lo que nos llevaran a ver, ya que de regreso los soldados iban a revisar una por una las cámaras digitales en busca de fotos no apropiadas. Fueron muy tajantes en ese tema. Al parecer ha habido ya muchos problemas al respecto que han terminado en reprimendas desagradables a los viajeros.

Con absoluta sincronización y sin mover un ápice su rostro firme hacia el frente, los militares trasladaron las oscuras barreras de acero de la carretera para que pudiésemos proseguir con el viaje. Un terreno desarbolado distinto al de la DMZ que recién abandonábamos era el preludio de la ciudad de Kaesong, que en su día fuera capital del Reino Goryeo (también dicho Koryo) antes de que los Joseon llegaran para quedarse durante más de cinco siglos. Su importancia monumental lleva a compararla con Gyeongju, capital del Reino Silla que visité días atrás, pero había unas cuantas diferencias radicales respecto a ésta. Que era imposible verla por mi cuenta y que estaba obligado a soportar las restricciones de Agentes del Gobierno disfrazados de amables guías turísticos.
Curiosamente uno de ellos adelantó su paso hacia el conductor y advirtió de que iba a cantar una canción dedicada a todos los asistentes, que boquiabiertos no tuvimos más remedio que escuchar, y algunos como yo, aguantar la risa. “A Capella” se arrancó con una canción tradicional, que al parecer también conocían los surcoreanos, los cuales aplaudieron muy alegremente.

A nuestra derecha pudimos ver las obras del enorme complejo industrial, que ya parecían estar bastante avanzadas. La gente de Hyundai lo señalaba con orgullo por haber sido partícipes de un paso importantísimo para una mejora de las relaciones entre las dos Coreas, pero a su vez mostraban temor de que alguno de los muchos enemigos de este proyecto les echara al traste la multimillonaria inversión.

Nuestro primer objetivo era ir a una cascada a las afueras, pero para llegar hasta ella debíamos atravesar totalmente la ciudad. Aquellos veinte o treinta minutos que duró el traslado fueron probablemente los más intensos de todo el viaje porque tuvimos ocasión de observar a través de la ventanilla cómo era Kaesong, cómo era una ciudad cualquiera en Corea del Norte. Y tengo que decir que acumulé un sinfín de imágenes fotográficas imposibles en mi mente que jamás olvidaría. Mis cinco sentidos estaban puestos en absorber escenas de aquel viernes en el Eje del Mal.

Viejos y destartalados bloques de viviendas de color blanco gastado o gris hormigón emergen a lo largo y ancho de una carretera de varios carriles sin un solo automóvil circulando por ella. Muchas personas se preguntarán para qué demonios sirven las anchas autopistas en un país donde está prohibido tener vehículo propio. La respuesta es evidente ya que la oscura función de esa clase de carreteras tiene que ver con un uso eminentemente militar en caso de invasión. Las autopistas están preparadas para el perfecto despliegue de tanques y demás carros de combate, e incluso se dice que para el aterrizaje de aviones de guerra. Sólo así se explica su existencia en un lugar donde los únicos conductores son soldados del régimen y el pueblo se desplaza de un sitio a otro caminando, en anacrónicos carros tirados por bueyes o en oxidadas bicicletas.

“¿Dónde están los coches?” Imagen obtenida de Skyscrapercity.com

Muy poca gente ponía su mirada en nuestro autobús. Como si tuvieran miedo de hacerlo, agachaban su cabeza hacia el suelo, nos daban la espalda o simplemente se metían rápidamente en una callejuela cualquiera. Los únicos que nos observaban con curiosidad eran los niños, aunque también vimos a muchas personas resguardándose tras las cortinas de sus casas mirándonos con un cierto asombro y un cierto temor de ser sorprendidos por alguien.

La gente de la calle iba casi en su totalidad de negro, pero con su pin de Kim Il-Sung presente sin excepción en sus solapas. Comparándolos con sus vecinos del sur, percibí que eran de menor estatura y sobre todo, mucho más delgados. Mezclados entre ellos había una gran cantidad de militares, dando muestra de por qué el norcoreano es el cuarto Ejército más numeroso del mundo en un país de 23 millones de habitantes. Me fijé que en cada camino o calle que diera hacia la carretera por donde pasábamos había dispuesto un soldado que se cuadraba ante el vehículo militar que nos guiaba y a su vez impedía que nadie cruzara la carretera en ese momento. Sin exagerar pude contar uno cada veinte metros. Tenían absolutamente controlados nuestros pasos y medido nuestro recorrido. Eso era más que evidente. La ridiculez llegaba hasta tal punto que en las rotondas había siempre un policía concentradísimo dirigiendo el tráfico. En un país sin coches no es una función demasiado normal, ¿no os parece?.

Imagen de la Avenida Principal de Kaesong obtenida de la Enciclopedia Britannica

Los bloques de paredes agrietadas no mostraban carteles con anuncios como es común en tantos países asiáticos. La única cartelería presente hasta la saciedad tenía que ver con la iconografía clásica de los totalitarismos comunistas. Dibujos de militares empuñando sus armas, misiles nucleares apuntando a una edificio inequívocamente norteamericano, trabajadores alzando sus puños al cielo o, por supuesto, exageradas pinturas del Gran Líder mirando con una sonrisa a los ciudadanos. Ese es el único color de una ciudad gris y oscura que se ha quedado en la mitad del siglo XX y no ha avanzado un solo paso. Parece mentira que sólo esté a sesenta kilómetros de una ciudad con tanta vida como Seúl. Jamás en mi vida he presenciado un contraste tan grande en tan poco tiempo. Cuesta creer que una distancia tan pequeña separe dos mundos completamente distintos.

Pronto cruzamos la principal Avenida de Kaesong, de una anchura bastante notable, sin más vehículos que dos o tres coches militares apostados en los arcenes, y que asciende en cuesta hasta una gigantesca estatua de Kim Il-Sung, visible desde cualquier parte. Mientras tanto los edificios en estado de ruina y las callejuelas sin asfaltar seguían sucediéndose. Pero pronto la ciudad se terminó y dio paso a panorámicas del campo, de aldeas blancas de antiquísimos y ovalados tejados orientales, que nos transportaban a una época medieval. Espléndidas fotografías hubiera tomado de aquellos lugares, que se conservan de forma sorprendente, pero la inquebrantable norma de no enfocar desde el autobús, me hacía sumirme en un estado de frustración cada vez más fuerte.

Panorámica de una de las aldeas próximas a Kaesong. Fotografía obtenida de Travelblog.org

Los campesinos trabajaban los cultivos dándonos la espalda, sin levantar la cara del suelo y de sus azadones. Otros, en cambio, caminaban tranquilamente sobre las vías de un tren que nunca pasa por allí. Encorvados, con gestos de seriedad e incluso de tristeza, ponían el rabillo del ojo sobre las ventanillas de un autobús compuesto casi en su totalidad por hermanos de sangre que les observaban con pena.

DSCN0532El primer sitio que visitamos fue un preciosísimo área natural llamado Barkyeon. Allí se encuentra una cascada en cuyas rocas hay escritos grabados muy antiguos del la época Goryeo. Allí sí que podíamos sacar las fotografías que quisiéramos porque el lugar se había adecuado exclusivamente para nosotros. No había ningún peligro, a no ser que alguien se saliera del camino, bastante improbable por otra parte, porque los guías norcoreanos, o mejor dicho agentes norcoreanos, no nos quitaban el ojo de encima. Mi cámara de dos megapixels, que me la había prestado alguien muy especial, sacaba unas fotos de una calidad discutible. Acostumbrado a la mía era como correr al galope con un caballo de madera.

Estando casi asomados a la caída del agua me presentaron con todos los honores al Presidente de Hyundai Asan, Yoon Man-Joon, quien me preguntó de dónde era, muy extrañado de ver un extranjero en un tour copado en su mayor parte por compatriotas surcoreanos. A pesar de sudar como un pollo por el calor húmedo que estaba haciendo, no se quitó la chaqueta del traje en ningún momento. Todo el mundo se quería fotografiar con él y es que éste en ese momento era un tipo muy popular en Corea del Sur, y sobre todo, muy poderoso.

El sitio era bastante bonito, Naturaleza pura, muy frondoso. Y la visita no se cerraba en la cascada sino que había que subir un camino de tierra bastante empinado a través de la montaña donde las vistas se volvían espectaculares. En el ascenso Karen, Barry y yo no parábamos de comentar lo que habíamos podido ver a través de los cristales, y sobre todo la rabia que nos daba no poder tomar fotografías. El Querido Vicepresidente, que no se despegó de nosotros un momento, se excusaba diciendo que eran las normas y que había que cumplirlas. Decía que ese viaje no se llevaba a cabo desde hacía más de cincuenta años y que poco a poco estaban avanzando para que más gente pudiera ir hasta allí. Lástima que no supiera ya en ese momento que el 1 de diciembre de ese mismo año se suspenderían los tours a Kaesong definitivamente por una nueva crisis entre ambos países.

A lo largo del cansado y sinuoso camino había multitud de rocas antiguas grabadas con letras chinas (que antecedieron al alfabeto coreano) y tortugas de piedra de más de quinientos años. Las vistas, realmente sensacionales, daban buena cuenta del gran Patrimonio Natural que se conserva en Corea del Norte.

Al final del recorrido llegamos a un pequeño pero hermoso Templo budista llamado Gwaneumsa dedicado al Bodhisattva de la Compasión, Avalokiteshvara, donde nos recibió un anciano monje de hábito gris. En Corea del Norte sí que hay algo que se respeta, la libertad religiosa, aunque por supuesto que no hay Dios que pueda suplantar al Líder en los hambrientos corazones de este extraño país.

Tras estar unos minutos en el templo, descendimos nuevamente el sendero por el que habíamos venido. En esta ocasión mi compañero de caminata no fue otro que Yoon Man-Joon, el Querido Presi de Hyundai Asan, con el que tuve una agradable conversación a solas sobre Corea del Norte e incluso sobre España, a la que deseaba viajar lo más pronto posible. Estaba interesado en conocer cómo había hecho para saber de estos tours así como mi opinión de los mismos. Yo le dije que la falta de libertad me parecía algo horrible pero que si era la única forma de viajar a este país tenía que aceptarlo.

Cuando me quise dar cuenta ya habíamos llegado al aparcamiento, donde unas señoritas vendían agua, almendras y algún que otro tentempié. El precio del agua era de dos dólares, es decir, aproximadamente el sueldo mensual medio de un norcoreano. Y es que inapelablemente es un disparate detrás de otro.

Tras la visita de Barkyeon, nos llevaron a comer a la ciudad donde seguía pendiente de nosotros todo un séquito de militares que dirigía nuestro paso. En el camino nuevamente me ensimismé ante el fabuloso paisaje de montañas verdes con minúsculos pueblos de casas blancas y caminos embarrados. Incluso en estos lugares campestres se cuadraban los soldados mirando al vacío e impidiendo que se acercara nadie lo suficiente. Recuerdo perfectamente una escena de varias personas corriendo hacia sus casas mientras uno de estos militares, que no debían tener ni 18 años, les recriminaba haciendo aspavientos para que se alejaran de allí.

En la ciudad de Kaesong, muy próximos a la ya mencionada estatua de Kim Il-Sung, nos llevaron a comer a uno de los dos hoteles restaurante con que cuenta la ciudad (para tener más de 300.000 habitantes no son demasiados), el Kaesong Folk Hotel. Esa zona estaba compuesta casi en su totalidad por casitas bajas muy antiguas, y el hotel era más bien un recinto lleno de construcciones de ese tipo, paredes blancas y tejados grises, y en cuyo centro pasaba un arroyuelo.

Entramos al hotel por un gigantesco portón de madera que se apresuraron a cerrar a cal y canto y a poner vigilancia para lograr una vez más impermeabilizar a la población de nuestra presencia. Justo al otro lado de la puerta, un cartel propagandístico comunista, separaba ese mundo del nuestro. La calle estaba llena de gente montando en bicicleta y de niños viniendo de la escuela. Pero a nosotros no nos dieron demasiado tiempo para ver más allá y nos sentaron rápidamente a la mesa del comedor para que unas señoritas con trajes típicos norcoreanos, nos sirvieran la comida del día.

DSCN0571a por ti.

A cada uno nos correspondía nada menos que 15 platitos pequeños con sopas, arroz, toda clase de verduras, el clásico y picante kimchi, carne, algas secas, etc… De beber agua o té. Barry, el americano, que era un tipo muy bromista y charlatán, les estuvo pidiendo insistentemente a las camareras que nos trajeran Coca-cola y unas hamburguesas del McDonalds. Lo mejor de todo es que desconocían por completo qué era todo aquello.

DSCN0560 por ti.

Después de comer pude pasear unos minutos por el arroyo y tomar fotografías de los preciosos tejados grises donde al fondo se distinguía perfectamente la enorme estatua de Kim Il-Sung, siempre presente.

DSCN0568a

En el Kaesong Folk Hotel había una tienda de productos típicos de Corea del Norte donde venían, por ejemplo, su célebre té de Ginseng, con la inequívoca denominación de origen DPKR. Yo me llevé uno a mi casa como recuerdo, no sin antes sacar una foto a la sonriente vendedora con el pin del Gran Líder en su kimono rosa.

La próxima parada consistía en una antiquísima Escuela Confucionista (Sungyang Seowon), por lo que de nuevo utilizamos el autobús para apenas movernos 200 ó 300 metros. Estacionamos en una anchísima avenida vacía de coches y con algún peatón rezagado que no había calculado nuestra hora de llegada. Mi frustración por no sacar fotos ni siquiera de una calle sin gente para mostrar el reflejo de los desvencijados edificios y de ese vacío tan impactante, me llevó a un hacer una intentona. Pero cuando estaba en ello, con el mayor disimulo posible, un agente de negro se puso frente a mí diciendo con voz elevada NO PHOTOS. Estaban en todas partes y era imposible deshacerse de ellos. Su función no era en absoluto la de simples guías turísticos sino la de vigilantes que impidieran que no nos separásemos un centímetro del grupo, que fotografiásemos cualquier cosa que no fuera un monumento y que nos acercásemos a los norcoreanos. Era indignante y así se lo hice percibir, pero estaba en su casa y tenía que seguir sus reglas si no quería problemas.

Ascendimos una cuesta hasta la entrada de la Escuela confucionista. Mientras una señorita ataviada con kimono típico coreano explicaba con un altavoz a los asistentes algunos datos del lugar se escuchaba perfectamente una clase de canto que se estaba impartiendo en un muy cercano edificio gris sin ventanas, que parecía estar casi abandonado. Esta clase de disciplinas como el canto o la música, junto a la gimnasia sincronizada, son los pasatiempos favoritos del régimen hacia sus conciudadanos. Y si no cómo se pueden realizar durante dos meses al año los Arirang, Juegos de Gimnasia Masiva en Pyongyang donde más de cien mil personas al mismo tiempo siguen una estudiadísima coreografía.

La Escuela que visitamos era conocida por haber servido de residencia a Jeong Mong-ju, (1337-1392) quien impartió enseñanzas neoconfucionistas y se destacó por ser una de las personas más leales al último Rey de la Dinastía Goryeo, al que apoyaba “más allá de su muerte”. Realizó una compilación de Poemas llamada Sijo, que se estudia con detenimiento tanto en Corea del Norte como en Corea del Sur. Y es que este erudito, que sirvió entre otras cosas como Consejero y Embajador del último Goryeo, realizó unos escritos que en ambas Coreas son muy conocidos, un nexo de unión histórico-literario más allá de las diferencias irreconciliables de hoy en día.

Si la visita a la Escuela de Sungyang suponía viajar a la vida de Jeong Mong-ju, la siguiente excursión consistiría en todo lo contrario, en acudir al lugar donde fue asesinado por cinco mercenarios del Rey Taejo, el que fuera primer monarca de la Dinastía Joseon. Me estoy refiriendo al Puente Seonjukgyo. Dicho puente de piedra está considerado como uno de los lugares más sagrados de la Historia de Corea, ya que supuso el fin a una Era, la de los Goryeo, y el comienzo de los Joseon, que al fin y al cabo gobernaron la Península hasta el primer tercio del Siglo XX. El último Consejero fiel al Rey U perdió la vida en este lugar y según los guías eran aún apreciables los restos de su sangre en la piedra Todos miramos detenidamente al suelo del puente pero personalmente no vi nada de nada. Un poco de superchería popular no le falta a esta historia porque creo que es del todo improbable que se conserve intacta la sangre después de más de seiscientos años.

Prácticamente en frente del monumento me llamaron la atención dos grandes estatuas de tortugas con cabeza de dragón resguardadas en un bonito pabellón de madera. Desconozco el simbolismo mitológico-religioso que esconden estos animales pero no fueron las únicas que tuve ocasión de ver tanto en Japón como en ambas Coreas.

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Al otro lado del puente había una calle bastante concurrida. Me pude acercar y observar la escena de numerosas personas caminando por la carretera, las cuales probablemente estaban volviendo de sus quehaceres diarios. Entre ellos muchos sombreros militares daban color verde a la fila de idas y venidas en riguroso silencio. Parecía una tropa adormecida, alienada, que languidecía a cada paso. Son meras víctimas desconocedoras de lo que sucede a apenas veinte kilómetros de sus casas, que viven con las anquilosadas cartillas de racionamiento, que según las ONGs se encuentran en una situación de precariedad alarmante y que sólo tienen fuerzas para sobrevivir con lo justo y adorar a viejas momias del comunismo que les han arrebatado lo más preciado del ser humano, la Libertad.

DSCN0596a por ti.Tuve la ocasión de charlar un par de minutos con algunos de los guías/agentes norcoreanos, gracias a la ayuda de una chica de Seúl que se manejaba bien en inglés y podía hacer de interlocutora entre ellos y yo. Tenía curiosidad en saber si era posible conseguir las insignias del Gran Líder que llevaban en su pecho.

Me dijeron que bajo ningún concepto porque eran obsequios del Gobierno de Corea del Norte a todo el Pueblo y que estaba prohibida su venta. Es más, razonaron que para ellos era un orgullo portar esos pines de Kim Il-Sung y que eran felices de llevarle siempre en el corazón.

Saliendo de Seonjukgyo dejamos de lado una pequeña piscina llena de niños dándose un baño. Su extrema delgadez era palpable en esos cuerpecillos huesudos de todos y cada uno de ellos. También pasamos por las puertas de un colegio en cuya fachada permanecía impoluta la figura del Gran Líder. Su hijo, Kim Jong-Il, se encontraba en cambio dibujado en lo menos tres o cuatro carteles en la misma calle. Es imposible no observar que se encuentran en todas partes. El mismísimo Goebbels parecería un mero aficionado al lado del aparato propagandístico norcoeano.

La última excursión prevista en los planes era el Museo Goryeo o Koryo, ubicado a un par de kilómetros al nordeste de Kaesong. En una loma repleta de altísimas grúas oxidadas, reflejo de una obra que jamás se terminó, hay un complejo de lo menos veinte pabellones que corresponden a la más importante Institución de enseñanza de la Dinastía Goryeo en el momento en que Kaesong era su capital. Era el lugar donde se impartía la doctrina confucionista a los hijos de altos cargos del Gobierno para que en un futuro pudieran suceder a sus padres.

DSCN0606Este lugar construido en el año 992 después de Cristo ha pasado de tener profesores y alumnos, a ser un Museo que expone centenares de objetos de la época, entre los que destaca una excelente colección de cerámica.

En cada uno de los edificios del museo, además de las consiguientes reliquias Goryeo, hay inmensas fotografías y recuerdos de la visita que realizó Kim Il-Sung al complejo, en el momento en que se restauró y acondicionó perfectamente para el ¿turismo? No estoy del todo seguro porque cuando fuimos nosotros allí no había ni un solo norcoreano, exceptuando a los guías.

Aún así es un lugar muy agradable en el que es posible pasear más libremente (siempre dentro de las murallas) por los jardines y ver, por ejemplo, pagodas de piedra del Siglo XI. Es un recinto muy hermoso en el que contrastan las oxidadas grúas del exterior, que parecía que iban a caerse de un momento a otro.

El Museo disponía de dos o tres tiendas donde poder adquirir los tan buscados recuerdos de una estancia breve pero intensa en la DPKR.. Vendían todo tipo de souvenirs del Régimen, desde libros antiamericanos hasta sellos, postales y posters. Yo compré varios de libretos de sellos, uno de ellos dedicado en exclusiva a Kim Il-Sung, además de varios carteles propagandísticos. Lo que sí se convirtió en imposible fue cosenseguir moneda norcoreana. No hubo manera de convencer ni a quienes atendían las tiendas ni a nuestros guías. Alegaban que estaba absolutamente prohibido y que no había dólares para convencerles. Y doy fe de que no fui el único en fracasar en el intento.

El Museo Goryeo puso fin a nuestra hoja de ruta antes de regresar a la DMZ dando un rodeo por el aún en obras Complejo Industrial de Kaesong donde los directivos de Hyundai nos comentaron en vivo y en directo las excelencias de un proyecto, que no nos engañemos, servía para contratar mano de obra barata.

Fue en el control fronterizo del norte cuando fuimos objeto de la más rancia de las censuras. Tras pasar el detector de metales y ver qué llevábamos en la mochila, los soldados norcoreanos nos pidieron que les entregáramos nuestras cámaras digitales con el visor encendido. Y así uno por uno fueron revisando todas y cada una de las fotografías que habíamos tomado. A mí personalmente me miraron las mismas fotos dos veces, deteniéndose en las que les parecían más “sensibles”, y utilizando el zoom cuando era necesario. No me borraron ninguna imagen, pero es que no podían sacar nada hostil de unos tejadillos grises, una catarata o una tortuga de piedra. Habían conseguido su propósito, que no era otro que coartar nuestra libertad y no hacer llegar al exterior su miseria y deshumanización

Y así fue, con censura, como dejamos atrás la República Democrática Popular de Corea. Había vivido una experiencia única en la que pude presenciar por unas horas cómo es un lugar cualquiera en una Nación invadida por un régimen destructivo e infame capaz de anular conciencias. Fue un viaje a otro mundo mucho más oscuro y tenebroso, que contrastaba radicalmente con las luces de neón de Seúl, que a mi llegada ya iluminaban de color unas calles abarrotadas.

Créditos para: http://www.elrincondesele.com/viaje-a-japon-y-las-2-coreas-capitulo-final-cronica-de-un-dia-en-corea-del-norte/

Un comentario sobre “Viaje a las tinieblas de Corea del Norte

    Com Punto escribió:
    25 diciembre, 2014 en 12:45 pm

    La foto de satélite está tomada un día en el que se hacía un simulacro de bombardeo y se apagaban todas las luces. Resultado impecable, a tenor de lo dicho en el artículo acerca de cómo se toman las cosas allí.

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