Mes: diciembre 2014

Crece en Cúcuta la prostitución de venezolanas

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En la penumbra rojiza del local, Daysi le enseña su cédula a un posible cliente para certificarle que es venezolana. Tiene 27 años y desde hace seis meses trabaja como prostituta en uno de los bares ubicados cerca del Terminal de Transportes de Cúcuta. Viene por temporadas. Hace seis días tomó un avión de Caracas a San Cristóbal, en el Táchira, y luego un transporte colectivo que la llevó hasta San Antonio, en la línea fronteriza. Daysi es trigueña, alta y acuerpada. Usa tacones, shorts amarillos y blusa negra, escotada. Habla muy bien, con un lenguaje amplio y fluido. Dice que es administradora de recursos humanos, con dos especializaciones y varios años de experiencia en entidades del gobierno de su país. Pero hace dos años la despidieron y le tocó empezar a negociar con calzado.

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“Me iba hasta Bucaramanga a comprar zapatos y los vendía en Caracas; al principio me iba bien, pero con la devaluación la gente dejó de comprar. Andaba muy desesperada y una amiga a la que conocí en el negocio de los zapatos me convenció de venir a trabajar en esto”, dice la mujer, que en menos de media hora ya se tomado tres Costeñitas. En este lugar, la Costeñita cuesta tres mil pesos, de los cuales ella recibe mil. Aclara, sin embargo, que su favorita es la Polar Azul Light. “Me tomo una caja yo sola”, dice.

A esta hora, las 2:15 de la tarde, hay nueve clientes y una veintena de chicas en el local. Algunas de ellas son ‘venecas’, como les dicen aquí. Las venezolanas vienen, sobre todo, los fines de semana. “Llegan el jueves o viernes y se van el domingo. Vienen de todas partes: de Caracas, de Maracaibo, de Barquisimeto, de San Cristóbal”, afirma uno de los meseros.

“La mayor parte de las mujeres que conozco son profesionales. Hay contadoras, administradoras; la otra vez vino una profesora de un colegio de Caracas. Me contó que aquí se ganaba, en dos fines de semana, lo mismo que le pagan allá en todo el mes”, me había dicho el día anterior el mesero de un bar del centro de la ciudad.

Los taxistas y los empleados de otros bares dicen que la ciudad se está llenando de venezolanas. Y aunque el secretario de gobierno de Cúcuta, Óscar Gerardino, afirma no tener cifras del fenómeno, la administración municipal comenzó a hacer batidas en las calles y en algunos bares y hoteles baratos. “Son medidas preventivas –dice el funcionario–, para mantener el orden durante la temporada de diciembre”.

El mesero de uno de los bares del centro afirma que las mujeres venezolanas comenzaron a llegar a los prostíbulos de Cúcuta a principios de este año, por la época en la que el bolívar tuvo otro bajón importante frente al peso. “Hace unos quince años era al contrario. Las colombianas pasaban por Cúcuta y se iban directo a los prostíbulos de San Cristóbal; ese era su sueño dorado, a nosotros ni nos miraban”, dice.

A juzgar por los testimonios recogidos, lo que ocurre con la prostitución en Cúcuta es reflejo de las políticas económicas en el vecino país: a mayor desabastecimiento y devaluación del bolívar, más venezolanas son empujadas hacia los bares cucuteños.

La caída de la moneda venezolana la resume el portero de uno de los bares: “Hace unos quince años usted cambiaba un millón de bolívares y le daban 17 millones de pesos y hoy, por ese mismo millón de bolívares, le dan como veinte mil pesos”. La cifra suena alucinante, pero es real.

También suena fantástico lo que cuenta Miguel Palacios, un profesor que se ha dedicado a estudiar los temas de frontera: “En San Antonio uno puede tanquear el carro, full, con 500 pesos y, con lo que cuesta una gaseosa y un pastel de garbanzo en un buen restaurante de Cúcuta, podría desayunar toda una familia en Venezuela.

Wendy, otra de las venezolanas que trabaja en un bar cercano al terminal de buses, resume así su situación: “En Venezuela me podría ganar 6000 bolívares mensuales en una oficina, pero para qué me sirven y si allá un par de zapatos cuesta 2500”.

Wendy anda por los 30 años. Es rubia, delgada y muy extrovertida. Vive en San Cristóbal, a hora y media en carro, y como solo trabaja los viernes y los sábados prefiere viajar en la mañana y regresar a su casa a las siete de la noche, antes de que cierren la frontera. También dice tener estudios universitarios: “Soy TSU (técnico superior universitario) en Publicidad y Mercadeo”.

El portero del prostíbulo y Wendy manejan unidades monetarias diferentes. El primero hace las cuentas en bolívares (que existieron hasta el 2012) y Wendy las hace en bolívares fuertes, la moneda creada en el 2008 por el entonces presidente Hugo Chávez, quien le quitó tres ceros a los precios de todos los productos y a los billetes, con lo cual, un millón de bolívares se convirtió en mil bolívares fuertes, pero su poder adquisitivo siguió a la baja.

Entre más ratos, más bolívares

Algunas de las prostitutas venezolanas llegan a Colombia a través de intermediarios, que las ubican en los prostíbulos más cotizados y les dan alojamiento y comida por unos 50 mil pesos diarios.

Otras, como Daysi, viajan por su cuenta y se alojan en hoteles baratos. Eso les da mayor libertad para moverse por diferentes negocios. “Ellas -dice el portero de otro bar- prefieren trabajar donde las dejen entrar y salir, dependiendo de cómo esté la clientela, porque les interesa hacer muchos ratos”.

Un rato, en la jerga de las prostitutas, es una unidad de medida. Entre más ratos haga una de ellas, más plata gana. Y ‘hacer un rato’ significa ir a la pieza con un cliente durante unos veinte minutos.

Wendy, por ejemplo, dice que de 10 de la mañana a 6 de la tarde se hace unos seis ratos. Eso significa que en el día se gana unos 240 mil pesos (a 40 mil pesos el rato, en promedio). La tarifa del rato “depende de la cara del cliente” y de lo “cotizada que sea la hembrita”, explica un mesero.

Una de las prostitutas venezolanas más cotizadas en Cúcuta se hace llamar Liliana. Trabaja por temporadas en ‘La oficina paisa’, un local ubicado a cuatro cuadras de la alcaldía municipal. A Liliana, el mesero la describe como “blanca, pelirroja y alta”. Y, como para despejar cualquier duda agrega: “¡Y buena!”

“Liliana es de 10 ó 15 ratos en una noche, cuando hay buena clientela, las demás se hacen la mitad”, dice. El hombre oprime la aplicación de calculadora en su celular y hace el cambio de pesos a bolívares fuertes con la destreza típica de los habitantes de frontera para estas operaciones.

“Vea, si ella se hace diez ratos… póngale a 70 mil, porque a eso se los pagan, son 700 mil pesos. Eso son unos 35 millones de bolívares (el equivalente a unos siete salarios mínimos de Venezuela), entonces ¿dígame si no es negocio?”, dice el hombre.

Según él, las venezolanas que están dedicadas por completo a la prostitución llegan a Colombia con la meta de llevarse, por ejemplo, 100 mil bolívares fuertes, que equivalen a dos millones de pesos. Apenas logran su meta, regresan a su país y vuelven cuando se les acaba la plata.

La pista del abuelo caleño

Algunas, como Daysi y Wendy, dicen utilizar el dinero para los gastos familiares. Daysi tiene un hijo de 8 años que ya le encargó una bicicleta y un balón del Real Madrid. Wendy vive con sus padres y su hija de 5 años.

Este año los padres de Wendy comenzaron a construirle un apartamento, pero les tocó parar la obra porque no consiguen materiales de construcción. “En Trainco (un almacén de San Cristóbal), la paca de cemento vale 120 mil –dice Wendy–, pero solo venden dos pacas por persona, con el número de cédula y RIF (Registro de Información Fiscal). Claro, hay gente en la calle que también vende cemento. ¿Pero cuánto vale? 800 mil, millón de bolívares. ¡Abusan!”.

Wendy afirma que este es su sexto fin de semana como prostituta. De lunes a jueves ayuda a sus padres en un negocio que estos tienen en San Cristóbal. “Ellos piensan que soy vendedora en un almacén de Cúcuta y les digo que me sale buena platica porque me pagan comisión”, dice.

Cuenta que comenzó a ejercer la prostitución después de separarse de su esposo. “No conseguía trabajo y sentía que debía hacer algo urgente, pues mi papá estaba asumiendo algunos gastos de mi hija”.

“Hace dos meses –dice Wendy– supe que una muchacha de mi barrio compró carro y se mandó a operar. Quedó bien bonita la chama. Me quedé intrigada y llamé a una prima que trabaja desde hace dos años en un bar de Cúcuta. Véngase y ensaya, prima, a ver cómo le va, me dijo ella”.

“No lo pensé mucho, porque si lo pienso, no lo hago. Me vine un viernes por la mañana; mi prima me presentó con el dueño del bar y le caí bien. A él le interesan las chamas que le produzcan plata y yo tengo actitud. Entro y salgo, entro y salgo. Cada vez que entro a hacer un rato le pago siete mil pesos por la pieza. Me quiere mucho. Si ya hasta quiere que venga los domingos”, dice Wendy.

Con el dinero de los seis fines de semana, Wendy se está pagando un tratamiento odontológico. Le cuesta unos 14 mil bolívares duros. “En cada cita me toca abonar 400 hasta que me enderecen los dientes”; además, compró un celular Huawei P6, que le costó 19 mil bolívares duros, y el resto lo invierte en sus padres y en su hija.

“No sufrimos tanto porque mis padres tienen un negocio, pero no sé cómo hace la gente que solo depende del trabajo. Mire no más, el arroz. Vale 13 mil, pero no se consigue. Y los que tienen, lo venden a 30 mil. ¿Quiénes? Los que tienen contactos”.

Por estos días Wendy tiene otra preocupación: las batidas de las autoridades colombianas. No quiere que la deporten porque perdería el derecho a regresar, así que está siguiendo una pista que le puede servir para obtener la nacionalidad colombiana. Su abuelo –ya fallecido– era un caleño que llegó al Táchira en los años 70. En la familia no saben nada más de él, pero ella está averiguando.

Dice que tiene que prepararse porque el próximo año será más difícil: “Ahora, en noviembre, viene otra devaluación. ¿Dígame, qué vamos a hacer?”.

Fuente: La Opinión de Cúcuta

Créditos para: http://www.maduradas.com/para-poder-sobrevivir-oleadas-de-venezolanas-llegan-a-colombia-para-prostituirse/

Génesis del intelectual / Inés Hayes

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Historia. Un encuentro internacional indagó en el origen de las ideas y del trabajo de pensadores y sus redes en la Latinoamérica de dos siglos.

Cómo llegamos, desde las grandes preguntas de mediados del siglo XX sobre la existencia de una filosofía latinoamericana, pasando por las indagaciones acerca de la identidad de las naciones (o la nación) latinoamericanas, a esta historización radical que busca la producción y circulación de las ideas en los grupos, revistas y redes intelectuales latinoamericanas?”, se preguntó Horacio Tarcus al abrir el II Congreso de Historia Intelectual, organizado por el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (Cedinci) de la Universidad Nacional de San Martín y el Centro de Historia Intelectual de la Universidad de Quilmes, que dirige Adrián Gorelik.

Durante la apertura –en la Sociedad Científica Argentina– Tarcus explicó que, si en décadas pasadas, la historia de las ideas había puesto el foco en los conceptos matrices de una época, así como en sus grandes textos y en sus “intelectuales faro”, y si la biografía tradicional se proponía estudiar la vida pública y privada de las figuras consagradas dentro de la alta cultura, los nuevos desarrollos de la historia intelectual, sin desatender el rol jugado por los grandes intelectuales, tienden a repensarlos dentro de tramas político-culturales más vastas. “El foco se fue abriendo, pues, desde el lugar central ocupado por los grandes creadores intelectuales a lugares menos iluminados o espectaculares, acaso secundarios, emergentes o residuales, ocupados por figuras que desempeñan funciones intelectuales no menos significativas que las del gran productor en el campo intelectual, sea como creadores ‘menores’, divulgadores, publicistas, difusores, docentes, redactores de una revista o asesores de una colección editorial”, explicó Tarcus ante un auditorio lleno.

Este II Congreso de Historia Intelectual de América Latina –apoyado por el Conicet y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica– fue precedido por los encuentros del proyecto de la Historia de los intelectuales en América Latina que dirigió Carlos Altamirano. Y fue en Medellín, durante el I Congreso, cuando se decidió que el segundo se haría en Buenos Aires y tendría como tema principal analizar la biografía colectiva de los intelectuales. Tal como señaló Altamirano en Medellín –retomó Tarcus– la labor intelectual solitaria suele ser la excepción, no la regla: cuando se observa con atención, siempre se detectan microsociedades o grupos intelectuales. En 2016, el encuentro será en el Colegio de México.

Del nacimiento de los primeros periódicos en América Latina, la creación de las academias de historia, las revistas políticas y culturales del siglo XX se ocuparon las 220 ponencias, así como las conferencias y debates del encuentro. “Nuestra América tiene una larga historia de bohemia periodística y grupos literarios, cenáculos reunidos en bares y cafés, peñas celebradas en trastiendas de librerías. Mayor grado de institucionalización podemos identificar en las sociedades científicas, artísticas y literarias latinoamericanas del siglo XIX y comienzos del siglo XX, con sus raíces y sus puentes hacia sus homólogas españolas”, repasó Tarcus en la apertura.

Las primeras mesas estuvieron dedicadas a las revistas culturales latinoamericanas, al anarquismo en el mundo obrero latinoamericano de comienzos del siglo XX y a las redes de los clásicos y de los románticos: la revista La Moda y la generación del 37 y el Club Católico de Montevideo. La bohemia periodística, la revista Sur, la prensa socialista, el humor durante la gran guerra, así como el rol de los intelectuales nacionalistas y conservadores de la Argentina, Uruguay y Paraguay no se dejaron de lado como tampoco el rol de las revistas políticas de los 60.

La discusión entre Sarmiento y Alberdi, por ejemplo, fue tratada en la ponencia de María Soledad Nívoli, de la Universidad Nacional de Rosario: “La polémica resulta, en primer lugar, un ejemplo de práctica política, por ser una discusión llevada adelante en el ámbito público de la prensa. En segundo lugar, representa el fracaso de la constitución de un horizonte político común y la negación por parte de sus protagonistas de constituir a su interlocutor como un adversario, operación necesaria si se pretende llevar adelante con éxito una discusión pública”. Alexander Betancourt Mendieta, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí de México, abordó el rol de las Academias de Historia como productoras de relatos históricos en la primera mitad del siglo XX: “se concentraron en la elaboración del relato oficial del pasado, a nivel nacional y local, ya que a partir de sus objetivos se debían establecer los temas de la investigación histórica. Por eso, las actividades de las Academias tuvieron eco en los territorios nacionales de dos formas; desde un centro hegemónico establecido en la capital que impulsó su interés al resto de los núcleos urbanos, y por la iniciativa privada de hombres de letras locales que buscaron oficializar la dinámica de una asociación letrada y se sirvieron del modelo establecido en la capital nacional”.

Créditos para: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Genesis-intelectual_0_1257474269.html

Esos demonios mediocres / Marina Artusa

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Simona Forti. En la Historia, el mal asume roles que movilizan dictaduras e Impulsan guerras. Los fantasmas prosperan gracias al hombre, dice la politóloga.

 Como tantos italianos, Simona Forti tiene parientes en la Argentina. Lo curioso, en su caso, es cómo una anécdota de los años 70 la marcó para siempre: “Recuerdo que yo era una nena y tenía primos allí durante la dictadura. Estábamos aquí, en casa de mis abuelos, y mi primo dijo: ‘No se está para nada mal en la Argentina. Basta no ver’. Me quedé muy impresionada y esa frase me quedó grabada –dice Forti, hoy una reconocida filósofa política italiana que se ha dedicado a estudiar, entre otros temas que la fascinan, la relación entre el mal y el poder–. Yo pensaba: ‘¿Qué significa que basta no mirar? ¿Este anda tranquilo por ahí sabiendo lo que está sucediendo?’ Me conmovió mucho. No digo que haya sido el motor de mi interés por el tema pero sí algo que me quedó y que siguió trabajando dentro mío”.

Forti acaba de publicar en la Argentina Los nuevos demonios. Repensar hoy el mal y el poder (Edhasa), un libro en el que vuelve sobre el concepto filosófico del mal con una nueva mirada: “La actitud mía de hacer filosofía consiste en tomar algunos conceptos de la filosofía contemporánea maltratados e intentar rehabilitarlos, recuperarlos a un uso más contemporáneo –explica Forti, que enseña Historia de la filosofía política en la Universidad del Piamonte Oriental, en Italia–. Por ejemplo, el concepto de mal cayó en descrédito para buena parte de la filosofía contemporánea porque es considerado un concepto comprometido con la metafísica. En algunos aspectos es verdad, pero creo que no logramos orientarnos en ética y en política sin usar el concepto de mal. Entonces la pregunta es ¿cómo podemos usarlo hoy? ¿Cómo podemos repensarlo hoy teniendo presente toda la crítica que se ha hecho al uso teológico y metafísico del mal? Volviendo a recorrer la historia del concepto, tratando de entender, a pesar de las diferencias entre pensadores y pensadoras, cuál era el núcleo común de este uso y qué cosa no sirve más de este núcleo común del pasado. Por eso es que he reconstruido lo que yo llamo ‘el paradigma Dostoievski’, usando a Dostoievski como pars pro toto (la parte por el todo) para ver qué en verdad no nos sirve más.” El paradigma Dostoievski de Forti se basa en la interpretación demoníaca y maniquea del mal que, fundado en el nihilismo y en la pulsión de muerte, se refleja en las obras del escritor ruso. “En Dostoievski se da una síntesis expresiva ejemplar del mal pensado como patología de la voluntad o pulsión, delirio de la razón o pasión por el absoluto. En Los demonios o en Los hermanos Karamazov el mal tiene siempre que ver con la transgresión y el desorden, en una palabra, con la potencia de la muerte.”

–¿Por qué es preciso reformular el concepto de mal hoy?
–Porque creo que no sirve más una mirada que hace del mal el éxito del nihilismo. Durante tanto tiempo, sobre todo desde el Siglo XIX en adelante, se ha identificado siempre el mal como el éxito de la voluntad de destrucción o de la voluntad de muerte. Según el psicoanálisis, también como pulsión de muerte. No es que esto no sea más cierto pero es que por sí sólo no lo explica más. Necesitamos otras coordenadas conceptuales para comprender cómo funciona un sistema del mal.

–¿Es decir que el mal cambió?
–No sé si el mal cambió. Seguramente las figuras contemporáneas del mal son distintas de aquellas a las que nos había habituado la literatura. O cómo una cierta literatura filosófica se explicaba según el nazismo, el estalinismo, el totalitarismo del siglo XX: la idea de un sujeto, no importa si era un dictador único o una colectividad, que quería destruir, que quería transformar la realidad en nada. Creo que esta visión es simplificadora. Para algunos aspectos puede ser para nosotros incluso una justificación: están estos demonios absolutos que son culpables, y entonces estamos eximidos, no tenemos nada que hacer. Históricamente aparecen pero nosotros podemos vivir tranquilos que así como nacen, desaparecerán. Creo que esto es una excusa. Pienso que existen estos demonios absolutos pero creo que si logran sus operaciones destructivas es porque estos demonios absolutos, que son pocos, se corresponden con una mayoría de demonios mediocres que, en cualquier modo podríamos ser también nosotros, que favorecemos este recorrido simplemente encongiéndonos de hombros, diciendo que no podemos hacer nada. Y así, por bellaquería o por deseo de confirmar nuestra identidad, favorecemos este proceso. Esto es cierto en cada situación que podemos llegar a definir como mal político. He usado como ejemplo histórico el del nacionalsocialismo porque en toda la filosofía contemporánea es elevado a emblema del mal político pero obviamente lo que digo para el nacionalsocialismo en la estructura filosófica creo que funciona para muchas escenas históricas.

–Es inevitable pensar en la dictadura militar que padecimos en la Argentina y en otros países de América Latina. ¿Los mecanismos del mal son siempre los mismos?
–Cada país tiene su particularidad histórica. Pero en una especie de estructura filosófico-política, el mecanismo es siempre el mismo. Si en la Argentina sucedió lo que sucedió fue porque hubo un consenso. Consenso no quiere decir necesariamente que estaban convencidos de lo que Videla estaba haciendo. Pero muchas personas, por deseo de ser garantizados por el sistema o por miedo, no se opusieron, no presentaron ninguna resistencia. En este sentido, si estos demonios absolutos prosperan es porque muchos hombres normales aceptan o no quieren juzgar eso que está sucediendo.

–Desde el punto de vista del sujeto, ¿aceptar o no es una decisión ética?
–Creo que es una decisión de hacer de uno mismo un sujeto ético. Un sujeto que logra discriminar. Lo que no logramos hacer hoy. Pero si pensamos bien, la norma cristiana del “no juzgar” es una norma que hemos interiorizado como si el sujeto ético, el sujeto “bueno” fuera aquél que no juzga, que no se pronuncia. Es preciso revertirlo. El sujeto ético es aquél que debe tener el coraje de juzgar, es el verdadero problema. De dónde el sujeto adquiere la capacidad de oponerse, de elegir.

–¿Cuál es la relación del sujeto con el poder?
–La filosofía moderna siempre ha pensado al sujeto por un lado y al poder por otro como dos entidades separadas. Y se ha pensado el poder como algo que se contrapone al sujeto, que lo limita. En la expresión máxima de poder, niega al sujeto, lo domina. Yo, en cambio, creo que la gran idea de Foucault ha sido la de ver al poder como algo que está en correlación al sujeto, que crea al sujeto, que no sólo lo limita sino que también lo hace ser, lo hace crecer. En este sentido somos vehículos del poder, nuestro cuerpo lo es. El poder no es simplemente el del Estado; es poder también lo que ejercitamos en la relación con otros sujetos. Por lo tanto, se debe distinguir entre poder y dominio. Eso es un paso importante. El poder circula continuamente; existe cuando hay libertad. Mientras que el dominio se inicia allí donde el poder se vuelve tan fuerte que no permite más la circulación en libertad.

–¿Cuál sería una definición actual de libertad?
–Hay varios modos de concebir la libertad. No creo que la libertad sea algo que tengamos como una dote natural. Aquí la libertad es algo que se conquista; se decide cuando, por ejemplo, queremos ser sujetos éticos. La libertad en su definición minimalista, banal, creo que es la posibilidad de ser otro a pesar de como seamos. Una definición minimalista de libertad en filosofía creo que debe ligarse al concepto de posibilidad, que se opone al de necesidad. Por lo tanto sería pensarnos como sujetos que tienen la posibilidad de convertirse en otros sujetos diferentes de como somos.

–Usted habla sobre la normalidad del mal. ¿No es una provocación?
–Es una idea provocadora pero tiene orígenes intelectuales. Hannah Arendt hablaba de la banalidad del mal, aunque me parece que el término banalidad no sea feliz o adecuado. “Banal” no significa demasiado. Creo que Hannah Arendt murió demasiado pronto como para dar coherencia a su intuición sobre la banalidad del mal. Desde este punto de vista, soy un poco soberbia. He tratado de darle algo de coherencia conceptual a un conjunto de intuiciones sumando otras. Por ejemplo, utilizando Foucault junto a Arendt o Primo Levi. Poniendo en juego muchas más ideas de las que había considerado Hannah Arendt y tratando de construir un paradigma que es el de la normalidad del mal, que no es alternativo al paradigma Dostoievski. Quiero decir, cuando asistimos en la historia a una escena del mal creo que estos dos paradigmas se encuentran y son complementarios. Siempre. Pero no se puede pensar sólo con el primer paradigma. El de la excepcionalidad, del diabolismo, de la transgresión. Se piensa a través de la normalidad en su doble significado: el mal se normaliza porque sus ejecutores son personas normales. No son más grandes monstruos. Esta es una primera normalización. Y luego, en un sentido más profundo, también se habla de normalidad como atenerse a la norma del contexto en el que uno se encuentra. Ateniéndose a las reglas, uno produce un universo del mal político. Entonces, hay un doble significado de normalidad.

–En los juicios a los genocidas se vio que al tiempo que cometían atrocidades y a la vez eran personas normales en sus vidas familiares y sociales.
–Padres de familia que nunca hubieran actuado de ese modo si el contexto social hubiera sido diferente. Pero se atuvieron a la norma para no perder nada. No haberse atenido a la norma les hubiera significado disminuir sus posibilidades de logros, bajar su nivel de vida. Por lo tanto el mal no es sólo la voluntad de muerte. Se lo piensa también como voluntad de vida y de realizar la propia vida. Esto la tradición no lo ha pensado nunca porque siempre ha tendido a identificar el mal con la muerte y el bien con la vida. Creo que se debe desmantelar esta oposición.

–Otra idea de su libro es asociar el mal a la transgresión.
–Exacto. Forma parte del paradigma Dostoiesvski. El mal era algo que quebraba un orden. Un orden natural, racional o social. Y el mal era esa voluntad de transgredir y superar los límites. No es que esto no exista. Pero no es el dato único y más importante en la escena del mal.

–Sin embargo hoy, la transgresión social y culturalmente tiene un sentido positivo.
–Claro. Está la idea de que el que transgrede es un vencedor. Como si a la polaridad bien-mal de un juicio ético hoy se le hubiera instaurado la polaridad logro fracaso desde un punto de vista de la afirmación social. Pero si lo lográs, quiere decir que pudiste ir más allá de lo que has encontrado. Hoy sirve para afirmar la propia individualidad.

–¿El enemigo siempre es la encarnación del mal?
–En lo que se refiere a llamar mal al enemigo, ésta es una lógica milenaria que nos lleva a un tema de mi libro que es el siguiente: al mal se le asocia siempre un pensamiento dicotómico, que divide en dos. El campo del bien , el campo del mal. Aun cuando luego los partidos se intercambian la careta. Occidente piensa en el extremismo islámico como el mal y el extremismo islámico piensa a Occidente del mismo modo. Y creo que es preciso derretir esta rigidez dicotómica.

–¿Hay reciprocidad entre bien y mal?
–Desde un punto de vista filosófico, lo que cambió respecto del pasado es esta correspondencia. Creo que, a pesar de todas las críticas que se le puedan hacer a este concepto de mal, nosotros continuamos utilizando la palabra, la idea. Pero no creo que se puede hablar más de bien como algo sustancial. Por el contrario, la historia ha demostrado que todas las veces que se lanzó el proyecto de bien como algo absoluto a alcanzar se estaba frente a un desastre. Por eso pienso que, desde un punto de vista filosófico, el primer paso es reconocer que esta correspondencia falló, se quebró.

–¿Cuáles son los nuevos demonios?
–Hay muchísimos. Aunque no veo tantos demonios absolutos. Veo muchos demonios mediocres también porque el valor de la afirmación de la vida, sea a nivel biológico, a nivel de las posibilidades de vida, se convirtió en el valor absoluto, el valor hegemónico. Por lo cual nos resulta obvio que un financista haga de todo para maximizar su propia riqueza. Pensado filosóficamente, esto significa maximizar sus posibilidades de vida. Entonces no se monta una escena del mal que eclosiona sino pequeñas micro escenas del mal que producen un sufrimiento que no es el dolor físico que los males que el 900 produjo pero es un sufrimiento real, el sufrimiento de limitar la posibilidad de ser otra cosa de lo que se es.

–En Oriente Medio, sin embargo, el mal pareciera responder a otros mecanismos.
–Las fenomenologías del mal cambian continuamente. También en un mismo período histórico hubo fenomenologías del mal diferentes. Es cierto que hoy se trata de una fenomenología que jamás nadie hubiera imaginado. Los “body-bombers”, la gente que se autodetona, tienen el antecedente en los kamikazes japoneses, pero que una persona se mate a sí misma de un modo tan destructivo no tiene antecedentes en Occidente. Este fenómeno ninguno podía preverlo. Pero desde el punto vista de pensar lo que está sucediendo, estamos siempre en la misma conceptualidad: hay alguien que tiene un plan destructivo y hay mucha otra gente que consiente este plan destructivo.

–¿Las prácticas del ISIS (Estado islámico) representan la manifestación más novedosa de la fenomenología del mal?
–Sí. Esta es una fenomenología inédita que une lo arcaico, que es la decapitación, con lo moderno. Una fenomenología arcaica, sanguinaria y cruel, inconcebible para nuestros ojos. Une este elemento arcaico a un elemento contemporáneo y moderno: la más sofisticada tecnología. El hecho de que se decapita a un rehén, se filma un video y se mandan estas imágenes, se mete en red y la comunicación se vuelve global. Un extraño mix de arcaico y moderno.

Créditos para: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Simona-Forti-demonios-mediocres_0_1257474263.html

El hombre que difundía a Gramsci

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Biografía intelectual. La historiadora Alexia Massholder reconstruye vida y obra del argentino Héctor Pablo Agosti, divulgador del gramscismo.

POR ISIDORO GILBERT

Los 32 Cuadernos de cárcel , 2.848 páginas escritas por un muy enfermo Antonio Gramsci, desde febrero de 1929 hasta agosto de 1935 en vísperas de su muerte, fueron secretamente llevadas a Moscú por sus amigos para resguardarlas del fascismo pero al final de la guerra el secretario general del PC italiano, Palmiro Togliatti, impulsó su publicación en Italia junto a las Cartas de la cárcel . Son seis volúmenes, ordenados por argumentos homogéneos, con los títulos: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce (1948); Los intelectuales y la organización de la cultura(1949); Il Risorgimento (1949); Notas sobre Maquiavelo , sobre la política y sobre el Estado moderno (1949); Literatura y vida nacional (1950) y Pasado y Presente (1951).

Los primeros títulos comenzaron a publicarse en la Argentina por la editorial Lautaro a partir de 1950 a instancias del intelectual comunista Héctor Pablo Agosti que hizo las primeras traducciones que luego delegó en su discípulo preferido, José Aricó, que había sido secretario de la FJC de Córdoba, situación que dio nacimiento a la pregunta sobre quién fue el verdadero difusor de las ideas de Antonio Gramsci, no solamente en la edición de su libros sino además en la aplicación de sus conceptos.

En el libro Los gramscianos argentinos , Raúl Burgos le ha dado el monopolio del italiano a la disidencia comunista de principios de los años 60 que se organizó alrededor de la revista Pasado y Presente, que relegó al olvido a su inicial motorizador, Agosti, en gran parte porque su partido, el PCA, no puso en la literatura educativa de sus cuadros los trabajos de Gramsci pero sí el cúmulo de libros desde El Capital y las Obras Escogidas de Marx y Engels, a los trabajos completos de Vladimir Lenin, particularmente (su poco más de medio centenar de tomos fueron editados en la ilegalidad, una proeza) y todo el núcleo duro de la escolástica soviética: informes de los congresos del PCUS, batallas interminables contra el trotskismo y así de seguido. Gramsci, para quienes orientaban publicaciones y lecturas, fue un ausente hasta los 80 cuando se conocieron trabajos interpretativos de Mauricio Libediski.

La historiadora y docente universitaria Alexia Massholder ha salido al cruce de esa controversia con un elaborado trabajo: El Partido Comunista y sus intelectualesPensamiento y acción de Héctor P. Agosti (Ediciones Luxemburg) donde el centro de atención es desgranar el pensamiento del autor de Defensa del Realismo , apoyándose no solamente en una atenta lectura de su producción literaria, periodística o como disertante, sino en numerosos papeles no conocidos. Son los que estaban sin análisis en los archivos de la Asociación Héctor P. Agosti o en los papeles que guardaba su hermano Carlos, que entregó a la autora, acaso no totalmente por la ausencia del profuso epistolario que el autor de El mito liberal mantuvo son su segunda esposa, Alicia García.

Son varias las hipótesis que despliega Massholder en torno a los intelectuales comunistas y su partido que lo llevó a cobijar en número interesante, pero su esfuerzo fundamental es demostrar el carácter creador del pensamiento de Agosti y la aplicación concreta de categorías gramscianas en sus libros, por caso el Echeverría a propósito de tomar del italiano el concepto de revolución burguesa frustrada, homologándola con el Mayo criollo, como origen de las desventuras nacionales.

Massholder subraya que uno de los nudos polémicos de su trabajo es la introducción del pensamiento de Gramsci en Argentina. La sola iniciativa de traducir sus trabajos tres años después de su aparición en Italia “es uno de los mayores aportes al desarrollo de nuestra cultura política”, en un ejercicio pionero –sostiene– de aplicación de categorías como “hegemonía”, “sociedad civil”, “intelectual colectivo”, subrayando que el fundador del comunismo italiano, reflexionó desde su práctica política concreta “con el explícito objetivo de actuar por el triunfo de la revolución socialista, considerando la centralidad de su partido como pieza fundamental en ello”. Y añade: “no puede despojarse a Gramsci de esas principalísimas cualidades de su pensamiento para transformarlo en una ‘caja de herramientas’ plausible de ser utilizadas sin considerar aquel objetivo revolucionario”. En cambio dice que Aricó (también los de Pasado y Presente) al abandonar el PCA, “indefectiblemente debió realizar un ajuste de cuentas con (algunos) de sus escritos” por ejemplo cuando en Notas sobre Maquiavelo subraya el vínculo de Gramsci con el leninismo. A partir de entonces, Aricó, “fue despojando paulatinamente a Gramsci de un horizonte decididamente revolucionario para convertirlo en un teórico poco más que inofensivo cuyas categorías analíticas pueden aplicarse independientemente de los objetivos políticos de quien las emplee”.

Dicho de otro modo, sólo se es “gramsciano” dentro de un partido leninista que luche por la revolución socialista. Luce como afirmación estrecha, o congelada en la historia del movimiento obrero clasista. ¿Dónde quedarían los que adhieren a Carlos Marx? Lenin lo leyó de un modo, Rosa Luxemburgo no adhirió a esa visión y menos aún, Kauttsky, todos eminentes marxistas. ¿Cómo explicar que el partido de Gramsci, devenido en Partido Democrático al implosionar la URSS, que tiene hoy un presidente y un primer ministro ex PCI y que su vocero sea el L´Unitá “fundado por Antonio Gramsci”? ¿O que un PC en Italia reivindique a Stalin y a Gramsci? ¿Desde cuándo hay una calificadora que se atribuye el poder de maltratar a quienes interpreten de manera diferente, y los ejemplos son abrumadores, a Marx o a Gramsci?

Agosti fue junto a Ernesto Giudici y Rodolfo Puiggrós un gran intelectual del PCA. La autora aclara mucho sobre sus actitudes en distintos momentos de la vida partidaria y rescata, con nuevos documentos a mano, su independencia de criterio aunque siempre supeditada a su pertenencia al PCA. No pocos piensan, escribe, que “Agosti no llegó a ser quien potencialmente podría haber sido por su pertenecía al PC. Y quizás tengan razón”. De todas maneras AM cree que a Agosti debe analizársele “teniendo en cuenta el objetivo de un cambio revolucionario en cuyo camino debió en ciertas ocasiones, resignar opiniones y actitudes en pos del colectivo partidario”.

Sea como fuere, el rescate de la obra de Agosti es loable pero aún falta completar su trayectoria. La autora parece no haber advertido, al reseñar los aspectos básicos de su vida, la ausencia de vínculos con los intelectuales peronistas. Recrea en cambio los que tuvo con creces con pensadores liberales (a varios los fustigo en El mito liberal ) sobre todo cuando se rememora en tiempos de Perón el centenario del Dogma Socialista de Echeverría. Agosti fue un hombre de largas prisiones en la década infame, bajo Perón y con la Libertadora. Fue antiperonista: a fines de los sesenta reeditó Perón y la 2ª Guerra Mundial donde reiteró un equívoco del PCA sobre las motivaciones del golpe de 1943. Massholder no nos cuenta su reacción frente al eurocomunismo y otras novedades sobre el marxismo a las que estuvo siempre atento.

Unió su intelecto a la praxis participando como responsable comunista en el Encuentro Nacional de los Argentinos, pensado como alternativa a las propuestas de Perón o la guerrilla en los 70 y jugó un gran papel en la fundación y actividad bajo la dictadura (donde se opuso a la posición del PCA) de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Créditos para: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/hombre-difundia-Gramsci_0_1257474277.html

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El Centro Wiesenthal da por muerto al último jerarca nazi

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                                            Retrato del nazi Alois Brunner. / AGENCIA EPA

El Centro Simon Wiesenthal acaba de cerrar una etapa del siglo XX al dar por muerto al último jerarca nazi que todavía podía seguir en libertad: el capitán de las SS Alois Brunner, responsable de la deportación de al menos 128.000 personas a los campos de exterminio. “Nos ha llegado información de que murió en Siria hace unos cuatro años”, señala por teléfono Efraim Zuroff, principal investigador del centro. Según los nuevos datos que maneja, Brunner se instaló en Damasco en los años cincuenta y fue asesor del presidente Afez el Asad, padre del actual dictador sirio. “Podíamos decir que le instruyó en asuntos como la tortura o la deportación de personas”, agrega Zuroff.

La fuente de estos nuevos datos es un miembro de los servicios secretos alemanes que conoce muy bien los movimientos de los nazis en Oriente Próximo. Brunner estaría enterrado en Damasco. El centro dedicado a la persecución de criminales de guerra nazis, que actualmente tiene en marcha la llamada Operación Última Oportunidad, destinada a capturar a los últimos ejecutores del Holocausto vivos, considera que está muerto al 99%, aunque no puede confirmar al 100% la información porque no tiene pruebas materiales de su fallecimiento.

“Podemos decir que es el último gran criminal de guerra, el último jerarca nazi que ha fallecido”, agrega el cazador de nazis Zuroff, que este lunes se encontraba de viaje en Noruega. En su último informeanual, el Centro Simon Wiesenthal le definió como “el más importante criminal nazi que no ha sido procesado y que podría estar todavía vivo, aunque la probabilidad de que haya muerto aumenta cada año, dado que nació en 1912”. “Fue visto por última vez en 2001. Consideramos que debe ser mencionado en las listas de más buscados del Holocausto”, agrega el documento.

Considerado uno de los lugartenientes de Adolf Eichmann, el que fuera el ejecutor de la Solución Final (sobre el que Hannah Arandt escribió su famosa frase de la “banalidad del mal”), fue el responsable de la deportación de 128.000 personas en cuatro países europeos: Austria, Grecia, Eslovaquia y Francia, donde fue el jefe del campo de Drancy, el lugar desde el que los judíos franceses eran deportados a Auschwitz para ser asesinados. En 2001, fue condenado a cadena perpetua en ausencia en París por la deportación de 352 niños en el verano de 1944. Así le define el centro de información sobre el Holocausto que mantiene el Museo de la Tolerancia: “El Hauptsturmführer de las SS Alois Brunner perteneció al pequeño grupo que ayudó a Adolf Eichmann a llevar a cabo la Solución Final”.

La versión francesa de Slate cita entrevistas concedidas por Brunner en los años ochenta. En una explica que abandonó Alemania hacia Egipto en 1954 con un falso pasaporte y que finalmente acabó en Siria. En otras espeluznantes declaraciones, al Chicago Sun-Times,aseguró: “Los judíos merecían morir. No tengo remordimientos. Volvería a hacerlo”. En Siria, adoptó el pseudónimo de Georg Fischer y trabajó como traficante de armas. Según Zuroff: «Estaba implicado en la persecución de la comunidad judía en Siria y era un experto en el terror y la tortura. Decía de si mismo que lamentaba no haber matado más judíos. Nunca se arrepintió».

El Centro Simon Wiesenthal recuerda que el Mossad logró enviarle dos cartas bomba, en 1961 y 1980, a causa de las que perdió un ojo y la mano izquierda. También el centro le relaciona con la llamada Red Gehlen, formada por antiguos jerarcas nazis que fueron utilizados por Estados Unidos para espiar a la URSS. Este episodio del final de la II Guerra Mundial, hasta ahora poco conocido, es objeto de un libro de investigación, recientemente publicado en EE UU: The nazis next door. How America Became a Safe Haven for Hitler’s Men, de Eric Lichtblau.

Hasta ahora, los dos últimos jerarcas nazis que figuraban en la lista eran Aribert Heim, que se considera muerto desde 2009, y Brunner, por el que tanto Alemania como Austria ofrecían recompensas.

Actualmente se mantiene abierto en Alemania un último caso contra criminales de guerra de nazis. Según explica Zuroff, se basa en un cambio legislativo esencial que se produjo en 2009, tras el caso John Demjanjuk, un ucranio acusado de crímenes de guerra fallecido en 2012 cuando su caso estaba en apelación. Hasta entonces, para condenar en Alemania a alguien por crímenes de guerra o genocidio había que demostrar que había asesinado personalmente a alguien. El cambio es que, desde entonces, bastaba con hubiese estado destinado en alguno de los seis campos de exterminio nazis –Chelmno, Belzec, Sobibor, Treblinka, Auschwitz-Birkenau y Majdanek– o que hubiese formado parte de los siniestrosEinsatzgruppen —los batallones que asesinaron a cientos de miles de judíos en matanzas al aire libre en el este de Europa— para ser considerado un criminal. La fiscalía alemana mantiene abierta una investigación sobre unas 30 personas, y uno, Oskar Gröning, de 93 años, fue formalmente acusado el pasado septiembre.

Créditos para: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/01/actualidad/1417440746_422975.html

EL PRECIO DEL DINERO. Breve historia del interés y la usura

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Precio del dinero


Todo tiene un precio… Hasta el dinero.
El precio del dinero es muy particular, pues viene expresado en porcentaje y además está asociado con la variable tiempo, se trata de la tasa de interés.

En la antigüedad el término comúnmente usado para referirse al precio a pagar por un préstamo, ya sea dicho préstamo en dinero, bienes, granos o animales, era el de usura. La expresión interés vino a sustituir en tiempos más recientes a la palabra usura, que quedó reservada para calificar el cobro de intereses excesivos.

Sin embargo no a todos les ha parecido lógico que se le pueda poner precio al dinero, que es en definitiva la unidad de cuenta que permite a los agentes económicos fijar los precios de los bienes y servicios que intercambian entre sí.

Las voces en contra se escuchan desde hace mucho tiempo atrás, y ya en la Biblia se lee:

image003-300x243[1]“Si prestas dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él; no le cobrarás interés.” (Éxodo 22:25)

“No tomarás interés ni usura, antes bien teme a tu Dios y deja vivir a tu hermano junto a ti. No le darás a interés tu dinero ni le darás tus víveres a usura.”
(Levítico 25:36).

“…quien no presta con usura ni cobra intereses…, un hombre así es justo”(Ezequiel 18:8-9)

“No prestarás a interés… ya se trate de réditos de dinero, o de víveres, o de cualquier cosa que produzca interés.”
(Deuteronomio 23:20).

Pero no sólo en los textos sagrados encontramos objeciones al cobro de un precio por el dinero sino que varios filósofos griegos igualmente las tuvieron, y entre los que más influyeron en los tiempos futuros con sus argumentos fue Aristóteles, para el cual “…es digno de execración general el tráfico de dinero que saca ganancia de la moneda violentando su oficio”, ya que según el gran filosofo el dinero fue inventado solo para facilitar las permutas, considerando entonces antinatural que a través de la usura el dinero engendre dinero.

En Roma fue práctica común los préstamos a interés, tanto plebeyos como patricios solicitaban a los prestamistas dinero para cubrir sus necesidades a tasas que no tenían mayor regulación que la del mutuo acuerdo entre las partes, de ahí que se llegase a cobrar por los prestamos tasas de 48% al año, con el agravante de que era normal que al deudor que no cumpliera con sus obligaciones se le redujera a la esclavitud a favor de su acreedor por un tiempo estipulado, equivalente al monto adeudado. Hubo grandes romanos muy endeudados, como Julio Cesar, y muchos patricios también eran prestamistas como Brutus, uno de sus asesinos.

No será sino a finales del Imperio Romano que el Emperador Justiniano (Siglo VI D.C.) legisle al respecto y se reglamente el cobro de intereses por los prestamos, fijando tasas que varían entre un 3 y un 12% al año, dependiendo del riesgo de las operaciones.

En la Edad Media, los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia, fueron muy severos en sus juicios acerca del cobro de intereses, calificándolo incluso de“pecado de usura”. Para esta época se consideraba el tiempo como de propiedad divina por lo que cobrar por el uso de un objeto o bien por un periodo determinado era comerciar con una pertenencia de Dios, algo prohibido bajo pena de excomunión. El prestigioso Santo Tomás de Aquino, una autoridad intelectual casi indiscutible para la época, desgraciadamente le prestó demasiada atención al tema; y a la objeción aristotélica de la esterilidad del dinero le anexó su tesis de que teniendo el dinero un valor facial ya fijado de antemano (valor nominal) era antinatural y pecado que un prestamista hiciera que una suma de dinero valorada en una determinada cantidad, al final de un determinado periodo, lograra que se le pagara por la misma un monto mayor. Dadas estas circunstancias y so pena de ser excomulgados de la Iglesia Católica, que era lo mismo que decir que se le prohibiera la entrada al Paraíso, los cristianos en su mayoría se abstuvieron de cometer el pecado de usura y dejaron que de eso se encargaran otros, entrando en escena los judíos, quienes se especializaron, entre otros oficios, en el de prestamistas (los mismos no podían tener propiedades, pero podían comerciar y prestar algunos servicios). Estando negado el préstamo a interés a los cristianos y como los descendientes de Abraham no podían ser excomulgados, éstos pudieron actuar con cierta libertad en este campo, y por si fuera poco en un pasaje del Antiguo Testamento encuentran incluso “permiso” para hacerlo: “Al extranjero podrás prestarle a interés, pero a tu hermano no le prestarás a interés.” (Deuteronomio 23:21). Al final los judíos se convirtieron en grandes banqueros y comerciantes, prosperando y haciendo prósperos a aquellos pueblos donde fueron tolerados.

En el Renacimiento cambió la manera de ver al dinero, como tantas otras cosas que cambiaron en esa época, se le reconoce al mismo su condición de ser no sólo unidad de cuenta y medio de cambio, sino también el de ser una mercancía más que podía ser comprada, vendida o arrendada y el tipo de interés pasó a ser el precio de ese arrendamiento. Cada vez más los préstamos pasaron de ser solicitados por campesinos arruinados por una mala cosecha u otra catástrofe para dar de comer a su familia, a ser solicitados por comerciantes para ser invertido en alguna empresa de negocios y también por nobles necesitados de armar ejércitos ya sea para la defensa o la conquista. Por lo que la carga moral del cobro de intereses disminuyó al ser los solicitantes personas que buscaban un beneficio con el dinero recibido en préstamo.

En Inglaterra, bajo el reinado de Enrique VIII (reinó de 1.509 a 1.547), se produjo la ruptura con la Iglesia Católica y se instituyó la Iglesia Anglicana, con el propio rey a la cabeza de la misma, era también el tiempo de la Reforma Protestante en algunos países de Europa y de la disminución de la influencia de la Iglesia Católica en muchos aspectos de la vida mundana, el comercio y la política, por ejemplo. Una de las acciones más interesantes de Enrique VIII fue solicitar a los comerciantes de la City de Londres un préstamo al 10% anual, avalando con esto de hecho y de derecho el oficio de prestar a interés y estableciendo una tasa referencial. Lo cual fue incluso reseñado por Adam Smith en su libro La riqueza de las naciones: “Por decreto de Enrique VIII fue prohibida en Inglaterra y declarada ilegal toda usura o interés que pasase del diez por ciento”. La cuestión pasaba ahora no a discutir sobre si se presta o no a interés, sino a la tasa a la que debe prestarse para que la operación no sea considerada como usura. Por lo que la regulación de la misma quedó como potestad de los legisladores y las autoridades en materia económica.

Con la Revolución Industrial se generalizó el préstamo a interés para respaldar las iniciativas de la nueva clase industrial, ya se distinguía claramente entre préstamos para consumo y préstamos para producción y los antiguos escrúpulos acerca del oficio de prestar dinero a una tasa de interés habían quedado muy atrás en el tiempo. De hecho hay quien afirma que aquellos países con sistemas financieros más desarrollados y capaces de aportar capital a las decisiones de los capitanes de empresas fueron los que a la larga se convirtieron en potencias comerciales e industriales en los Siglos XIX y XX (Inglaterra, Holanda, Alemania, Estados Unidos, etc.).

Lamentablemente también debemos afirmar que la usura como práctica reprobable aún existe, y es más común en los países pobres, la misma se aprovecha precisamente de los más desfavorecidos y es practicada como parte de la economía subterránea o sumergida. Son generalmente los usureros beneficiados por la poca bancarización de la sociedad y las altas barreras que presenta la banca tradicional para dar acceso a los productos y servicios bancarios al grueso de la población. Frente a esta situación las políticas públicas deben dirigirse a una bancarización masiva de sus habitantes y en el desarrollo del sector de las microfinanzas que apoye a los pequeños emprendedores en sus negocios, para disminuir los préstamos usurarios a su mínima expresión.

NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. H. J. Jiménez, @hjjc13 . Invitamos enviar aportes o sugerencias sobre Historia de la Tasa de Interés a yoskira@monedasdevenezuela.net

Créditos para: http://www.monedasdevenezuela.net/articulos/el-precio-del-dinero-breve-historia-del-interes-y-la-usura/

De un Gigante para otro Gigante

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